El Presidente de México, Anastasio Bustamante y sus ‘caballeritos’ de alcoba

El Presidente de México, Anastasio Bustamante y sus ‘caballeritos’ de alcoba

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La historia de México suele encubrir secretos de otros tiempos que corrieron como rumores en la política nacional, todo con tal de salvaguardar el honor de algunos personajes. La vida de Anastasio Bustamente, un presidente militar, adversario de Santa Anna y mecenas de jóvenes poetas y pintores, delinea en sus historias secundarias, la vida de un hombre atraído por otros hombres, desde la silla presidencial y un armario del siglo XVIII.

(Jiquilpan, Michoacán 27 de julio de 1780 – San Miguel de Allende, Guanajuato 6 de febrero de 1853)

Trinidad Anastasio de Sales Ruiz Bustamante y Oseguera, era su nombre completo. Estudió en el Seminario de Guadalajara, luego llegó a la Ciudad de México para estudiar medicina.

Ejerció su profesión hasta 1810, en que fue llamado por el ejército realista al que se había alistado dos años antes. A las órdenes de Félix María Calleja, combatió a los insurgentes y alcanzó el grado de coronel. Fiel, a Don Agustín de Iturbide, de quien fue asistente, se adhirió al Plan de Iguala. A la consumación de la independencia fue miembro de la Junta Especial Gubernativa. Bajo el Primer Imperio Mexicano, recibió cargos y ascensos como el de mariscal de campo y comandante militar de las Provincias Internas de Oriente.

En 1828 el Congreso le otorga la vicepresidencia en el gobierno de Guerrero, apoyando el cuartelazo de 1829, que despojará a Guerrero de la presidencia, así Anastasio asume la función de Presidente de México en 1830.

El presidente Bustamante, promueve que el Congreso declare a Guerrero inhabilitado para gobernar y comienza una cacería de brujas contra la burocracia que no le es incondicional, destierra a los más connotados miembros del partido masón yorkino y expulsa del país al embajador estadounidense, combatió la delincuencia y reorganizó la hacienda pública, al tiempo que manda apalear a periodistas y crea la policía secreta. La prensa clandestina lo llama: “Brutamante”, pero él se gana con su proceder las simpatías del alto clero y del partido masón escocés, que comienzan a dar cauce al conservadurismo.

El asesinato de Guerrero, en la que se ve implicado su ministro de Guerra, hace correr el rumor del asesinato de Estado, ordenado y pagado por él, lo que estimula esa reacción, y después de protestas y alzamientos, con la firma de un convenio cede a Santa Anna el poder en 1833.

Fue acusado del asesinato de Vicente Guerrero y se le desterró junto a todos los opositores del régimen reformista de Valentín Gómez Farías. Se exilia en Europa y regresa en 1836, año en que es llamado para combatir en la Guerra de Texas.

Desechada la Constitución de 1824 y aprobadas las Siete Leyes que creaban la República centralista, sustento del partido conservador, fue llamado nuevamente a gobernar de abril de 1837 a marzo de 1839.

Bustamante estaba resuelto a dedicarse al servicio de la patria y a observar estrictamente el cumplimiento de las leyes, pero el país no quería a Bustamante, tan pronto como tomó el poder: empezaron las sublevaciones. El gobierno tuvo que pedir nuevos préstamos para pagar tropas y sofocar alzamientos. En ese lapso enfrenta la Guerra de los Pasteles, el ataque del general guatemalteco Miguel Gutiérrez, que invadió Chiapas durante varios meses de 1839, y el alzamiento de José de Urrea en el noreste del país.

Es durante esta época que el presidente Bustamante, conoce al joven Guillermo Prieto, quien para ganar fama había leído un discurso incendiario en la universidad. La policía secreta le llama para citarlo con el presidente quien impresionado por el atrevimiento y la pasión del novel escritor lo convierte en su “caballerito”, con funciones de edecán, secretario, confidente, compañero de cuarto y favorito.

Guillermo Prieto fue poeta y político, sus restos descansan actualmente en la rotonda de los hombres ilustres.

Prieto compartía la alcoba presidencial y durante el día, trabajaban y comían juntos; por la noche conversaban para compartir sus impresiones íntimas de los sucesos cotidianos, llegando a ser inseparables. Prieto pasó a ser de revolucionario a primer compañero. Su relación pareciera más una amistad apasionada con gran intimidad, al grado de que Prieto usaba el “nosotros” al referirse en aquella época al presidente Bustamante y él.

En ese tiempo se establecieron relaciones con España, se reanudaron con Estados Unidos (que él mismo había interrumpido), el estado de Yucatán (entonces toda la península) se escinde del país y pone como condición el regreso al federalismo para reintegrarse. La inconformidad crece en medio del desorden administrativo y el caos económico, y pronto se levanta el General Paredes, que apoyado por Santa Anna lo derrocan en octubre 1841. Bustamante vuelve a exiliarse a Europa y regresa en 1845, cuando el gobierno de Estados Unidos buscaba pretextos para iniciar la guerra.

Poco antes de su exilio, Bustamante conocería y entablaría una relación aún más apasionada con José María Calderón y Tapia.

Si bien las amistades apasionadas que vivieron muchos prominentes hombres mexicanos del siglo XIX no puede equipararse a relaciones homosexuales, algunas de ellas eran más fraternales que otras y dejaban entrever cierto erotismo.

Las relaciones amistosas del siglo XIX ayudaron mucho a un intercambio cultural, político, social que permitió consolidar grupos políticos en nuestro país, muchas de estas relaciones amistosas terminaban en parentescos rituales o comadrazgos que reforzaban vínculos e influencias.

José María, era hijo de un antiguo amigo de Bustamante quien a su vez le acogió y protegió a partir de la muerte de su padre en 1834. La animadversión que sentía Melchor Ocampo administrador de la hacienda del Pateo, por el joven José María la retrató en el sainete “Don Primoroso”, asemejando al personaje al joven Calderón, quien se preocupaba más por embellecer su apariencia para resultar atractivo a los bandidos que atacaban la hacienda.

Las pinturas de Juan Cordero, nacido en Coyoacán en 1822, tuvieron en su tiempo gran reconocimiento en Europa.

Con el nuevo exilio, el Gral. Bustamante decidió partir a Europa, esta vez con su sobrino Andrés Oseguera y entre la comitiva, llevó al joven José María quien ocuparía el lugar vacante por Prieto, el nuevo caballerito, sería su favorito y compañero de cuarto, acompañándole durante su exilio de 1841 a 1845 con algunas separaciones por motivos familiares, durante estas separaciones Bustamante buscaba la compañía de otros jóvenes de los cuales se convirtió en protector o mecenas, uno de ellos sería el joven pintor Juan Cordero, quien en gratitud por haberle provisto de una pensión y un puesto en la legación mexicana en la Santa Sede, envió a la Academia de San Carlos, la obra “Orestes” guerrero griego mítico, compañero de Pílades.

El mujeriego, Antonio López de Santa Anna, fue el rival político más importante para Anastasio Bustamante.

Ante la caída de su principal enemigo, Santa Anna, Bustamante se alista a regresar a México en junio de 1845, acompañado por Calderón quien es nombrado capitán, para agosto de ese mismo año se les uniría Valente Mejía al servicio del exmandatario. Poco después Mejía y Calderón, entablarían una amistad que los llevaría a cohabitar y trabajar, en una vida de pareja.

En 1846, el Gral. Bustamante, es nombrado por los centralistas presidente del Congreso, con una nula participación durante la invasión de los estadounidenses. Finalizada la guerra, llega a cumplir algunas funciones de poca relevancia hasta que opta por el retiro.

De acuerdo con su voluntad, su corazón fue enviado a la ciudad de México y depositado en la Catedral junto a los restos de Agustín de Iturbide.ᴥ


Fuentes:

ObituarioLGBTTTIMexicano de Archivos y Memorias Diversas

PINEDA Márquez Yvonne; Castigos y castigados, en Michoacán 1825-1881

MACÍAS GONZALEZ Victor M.  Universidad Iberoamericana. 2007, número 31.

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