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El último vuelo de la Hilacha: Adiós a Alfonso Macías ‘La Hilacha Voladora’ (1963-2023)

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CIUDAD DE MÉXICO.- La Comunidad LGBT está de luto ante el sorpresivo y lamentable fallecimiento, de Alfonso Macías, «La Hilacha Voladora», ocurrido el pasado 10 de agosto, en la Capital del país.

Como profesional, Alfonso destacó como Ludotecario, Tallerista, Locutor, Pintor y Asesor en Creatividad y Superación de Obstáculos. Como persona, Alfonso fue amigo ejemplar, siempre en el esfuerzo de formar y estrechar nuevos lazos.

También fue colaborador de Ulisex!Mgzn entre 2016 y 2017, año en que visitó Monterreina, como parte de una breve estancia de trabajo, en la que aprovechando el tiempo logró crear un vínculo amistoso y sincero con parte del equipo de U!M, a quienes nos compartió sus experiencias.

Infancia

Algo que Alfonso pudo apreciar desde su infancia, según sus propias palabras es que «Era un niño creativo e imaginativo, pero también curioso y con sed de conocimientos». Esto lo llevó a aprender sobre muchos temas y oficios.

Alfonso, tuvo una educación accidentada, especialmente los años primarios, porque era difícil encajar a un niño altamente creativo e inquieto en un molde cuadrado e insulso. Finalmente fue a dar a una escuela «activa», la «Bartolomé Cossío», donde el Maestro Pepe, un viejo refugiado español de casi 80 años, le abrió las puertas a una manera diferente de educación.

Probó casi todas las disciplinas artísticas: teatro, danza, pintura, música, a través de talleres, mientras cursaba las -a veces- insufribles materias académicas.

Juventud

Pocos años más tarde, tuvo la fortuna de impartir su primer taller de teatro a los alumnos de esa misma escuela, algunos de los cuales le recuerdan con cariño a Alfonso, quien entonces, tenía apenas 20 años.

Sus estudios universitarios giraron en torno al Diseño Gráfico y las Artes Visuales, y ello le preparó para su primer trabajo profesional: fue escenógrafo de la Kisch Co. en el emblemático bar «El 9».

El lugar cerró, y con sus puertas, muchas otras posibilidades, por lo que [tu nombre] hizo mil y un cosas para sobrevivir, hasta que pudo regresar a las escenografías, y de ahí, a la Dirección de Arte en cine. La ilusión no duró mucho porque su corazón (el de deveras, no el romántico), no soportó tanta presión, así que se mudó a la ciudad de Xalapa, donde recibió entrenamiento como Ludotecario. Ahí retomó el impartir talleres como modo de vida, en centros culturales y escuelas.

En esa misma ciudad, Alfonso comenzó a entrenarse en diferentes técnicas de sanación: Reiki, Flores de Bach, Masaje Sueco, Healing Touch; y a tomar diferentes talleres sobre estos temas, muchos de ellos, impartidos por su Maestra Ana Luisa. Ella le contactó con Joshuana, quien se convirtió en su gurú en la técnica de «Instrucciones al Alma».

Xalapa le dio mucho: aprendió enormidades, pero llegó la hora de ejercer lo aprendido, así que se mudó a San Luis Potosí a fines del 2005, donde además de las sesiones individuales, comenzó a dar talleres de Crecimiento Personal por su cuenta, y Creatividad Aplicada para una naciente universidad.

El vuelo de la hilacha

Durante su estancia en esa ciudad, tuvo un programa de radio: «La Hilacha Voladora», en la Radio Universidad de San Luis Potosí, y estuvo al aire nueve años.

Hasta sus últimos días habitó la Ciudad de México, en una escala temporal, y mientras se concretaba el nuevo plan de mudanza, había retomado la pintura con técnicas digitales de su creación. El encierro pandémico, también le llevó a estudiar la Herbolaria, sobre la que preparaba un proyecto.

Como parte de Archivos y Memorias Diversas, organización dirigida por el historiador y cronista Alonso Hernández Victoria, Alfonso pudo hacer gran difusión tanto del Seminario Histórico como del Taller de los Martes, gracias sus habilidades y conocimientos en radio.

Alfonso, fue una persona creativa e imaginativa, con un gran corazón y una sed de conocimientos insaciable. Aprendió sobre muchos temas y oficios, y tuvo una carrera profesional variada y exitosa. Un verdadero ejemplo de que la creatividad y el esfuerzo pueden llevar a cualquier lugar.

A Alfonso, quien falleció a la edad de 60 años, le sobreviven dos hermanos,

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