¿Qué somos si perdemos la esperanza?

¿Qué somos si perdemos la esperanza?

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Me he convertido en lo que se podría considerar, un hombre exitoso, quizá no en términos generales pero, a mis 28 años, he logrado hacer profesionalmente lo que pensé que lograría hasta los 40.
Parece que alrededor hay gente me aprecia, me quiere e incluso quien me admira, todo esto lo menciono porque no siempre fue así, las felicitaciones por mi cumpleaños, el amor que algunas personas manifestaron me recordó que existe también mucha gente dispuesta a odiarme por quien soy, no por lo que hago, no por lo que digo, sin valorar mi trabajo, la amabilidad ni la solidaridad que rigen mi actuar en la vida; simplemente por lo que soy, por mi naturaleza.
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Recuerdo muy claramente aún amenazas dentro de mi familia de “romperme la madre si salía puto” como si la violencia fuera a resolver algo en mí en lugar de sólo dañar mi persona, eso no podría cambiarme ni cambiará jamás la naturaleza de nadie, fui siempre raro también en muchos otros aspectos, escuché conversaciones familiares y palabras de desaprobación, y de odio, aunque también hubo siempre gente dispuesta a aceptarme. Me recuerdo algo aislado por elección propia, protegiéndome de ese odio, del rechazo, refugiado entre libros con historias de otro; películas que veía a escondidas para vivir amores ajenos, recuerdo miedo y un profundo dolor pues de niño no puedes aún entender como esa gente a la que se te pide amar, te odia simplemente porque sí.
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No tuve realmente a alguien a quién amar, las críticas a otros homosexuales y las burlas me hacían creer que había algo mal en mí, algo que habría que cambiar para ser feliz, o para ser exitoso, para se admirado.
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Pero resistí y aquí estoy ahora, en una nueva circunstancia, en que el amor sí se manifiesta con sinceridad, en que hay gente que me quiere, gente que me admira, incluso alguno que otro loco que me envidia, hice de mí gran parte de lo que soñé ser y espero dar esperanza a quien esté en ese pequeño espacio oscuro que yo habitué algún día.
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Debes saber que estoy aquí, que soy esa persona a la que puedes acudir por un abrazo, por un consejo, quien no se ha dejado vencer y puede ser contigo sin ningún interés mezquino, por simple solidaridad, por decencia humana.
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Así que si estás pensando que estás solo, si crees que no se puede y eres el único en el mundo que lo ha vivido, recuerda que aunque hay gente que está dispuesta a odiarte por lo que eres, también existe quien está dispuesto a quererte, a amarte a recibirte con los brazos abiertos, a ayudarte solamente a cambio de que cuando te toque a ti, cuando lo hayas logrado y tras de tu alguien más esté solo, será tu turno de ayudar, de ser solidario, de ofrecer esperanza. Pues qué somos si perdemos la esperanza.
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