Masculinidad, homosexualidad y poder

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    Alguna vez, el tema de la superioridad racial fue una realidad. En algún momento de la historia, se creía que aquellos de tez blanca eran superiores a los de tez oscura. Al denunciarse, de manera colectiva, que los tratos humillantes que recibían los de tez oscura por los de tez blanca no eran sino un sistema de clasificación social para mantener el orden, se tocaron fibras sensibles en la sociedad.

    “¿Cómo es posible que un negro, que ha sido esclavo toda su vida, venga a decirme que él tiene las mismas capacidades físicas e intelectuales que yo?”, se debió haber preguntado algún hombre blanco despistado de la época.

    Existen aún vestigios de esta arcaica creencia que predominan, lamentablemente, en los círculos de poder que nos dominan. Aquí en México nunca tuvimos que preocuparnos por la segregación racial, sino por el sistema de castas. Éste sigue siendo un tema con el cual la gente se siente incómoda y, así como hablar sobre la segregación racial disgustaba a la gente, al hablar sobre género y percibir las mismas reacciones de resistencia, significa que estamos tratando de un tema importante.

    Al hablar sobre género, en especial sobre la masculinidad, estamos tocando fibras sensibles para la sociedad. El género ya no es un dogma en donde hombre y mujer cisgénero son la única vía para formar parte de la sociedad, sino que existe (como siempre ha existido) una gama de diversidad sexual que es necesario dar a conocer.

    Para Guash, “La lucha política por los derechos civiles y por la igualdad, por sí sola, no termina con la discriminación. En el caso de EEUU se muestra que, pese a las luchas contra la discriminación, los blancos siguen siendo favorecidos por un sistema pararracista que atraviesa toda la estructura social. De igual modo, las mujeres, pese a la igualdad legal, siguen padeciendo discriminación real”.

    No se trata sólo de legislar unas cuantas leyes que condenen la discriminación ni que se modifique la constitución especificando la no-discriminación por motivos de orientación sexual, sino de una re-estructuración social en donde hombres, mujeres y la diversidad sexual sean vistos como iguales los unos por los otros.

    Los hombres, al estar en el poder, han hecho y deshecho con la humanidad lo que para ellos resulta conveniente, (resulta imposible decir que el hombre no ha modificado la historia a gusto, desde que a la historia de la humanidad entera se le llama “historia del hombre”) y han asociado su identidad de género, la masculinidad, con el poder.

    “En cuanto a los hombres, son muchos los que, desconcertados ante los procesos de ‘degeneración’ (o sea, la descomposición de los referentes clásicos de género) parecen sobre todo preocupados por su identidad, pero no por la discriminación de género que también padecen. Y es que es un error pensar que los grupos dominantes no tienen problemas. Otra cosa es que sepan reconocerlos como tales” Establece Guasch.

    La hegemonía de la masculinidad puede hacerse palpable al hacerse notar cómo es que mujeres y homosexuales, (grupos que no pertenecen al género hegemónico) denuncian los efectos, en su mayoría negativos para las minorías, que la masculinidad aporta al sistema.

    Al hablar de la descomposición del género y de la masculinidad, podemos toparnos con algo con lo cual la mayoría de los varones se sienten indefensos: una crisis de las masculinidades.

    De acuerdo con Óscar Guasch, “El género, la raza, la orientación sexual y las discapacidades son invisibles para los hombres, para los blancos, para las personas heterosexuales y para los válidos, respectivamente. Pero cuando los normales dejan de serlo, comprenden muy bien las consecuencias de ello”

    Podemos decir que ni los varones, ni los blancos, ni tampoco los heterosexuales son conscientes de los beneficios y privilegios que otorga ser blanco, ser varón o ser heterosexual, respectivamente.

    Una forma de generar reflexión y comenzar a tomar consciencia de esto, es conceptualizando la ciudadanía desde una perspectiva de género. O sea, darle espacio a mujeres y a la diversidad sexual a que participe de manera activa en asuntos políticos y sociales.

    La académica, Ana Aguado establece que “Es necesaria la integración de la historia de las mujeres en la historia definida como ‘historia política’; integración que implica una reconceptualización general y global, en clave de género, de términos fundamentales en la historia contemporánea como son los de la ciudadanía, igualdad, liberalismo o democracia”.

    La historia política de la diversidad sexual es incipiente y, la agenda política de la diversidad sexual aquí en México, ha dado pie a que la mismísima iglesia católica llamase “imperio gay” a la comunidad LGBT+ y a sus intentos de llevar al país a la modernización y no al retroceso.

    ¿Será que los que pertenecemos a la diversidad sexual debemos quedar relegados de la ciudadanía o debiéramos comenzar una lucha que más que parecer una lucha de género pareciera una lucha de poder?

    Este escrito es la continuación de La masculinidad en tiempos de homosexuales, y se plantea como una serie de ensayos que se estarán publicando periódicamente a través de Ulisex!Mgzn. 

     


    Referencias

     Ciudadanía, mujeres y democracia. Historia constitucional (revista electrónica) de Ana Aguado.

    Héroes, científicos, heterosexuales y gays: los varones en perspectiva de género de Oscar Guasch.

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