¿Cómo era ser transexual en la España del siglo XVI?

¿Cómo era ser transexual en la España del siglo XVI?

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Eleno de Céspedes es un caso curioso, pues se trata de un hombre transexual cuyo proceso legal fue muy documentado en la España del siglo XVI.

Se sabe que nació alrededor del año 1545, hijo de una esclava africana y de su propietario, un hombre español; y Eleno era descrito por la sociedad de aquel entonces como un mulato. Se le identificó como mujer al nacer y como tal fue criado. En realidad, no se sabe si fue bautizada como Elena, pues en esas épocas ni a los esclavos ni a los hijos bastardos se les otorgaba un nombre.

«Lo que hace especial este caso respecto a los cientos de procesos contra homosexuales que hubo en esa época (en España) es que, sin duda alguna, fue un transexual que llevó hasta el extremo su deseo de ser hombre», explica Ignacio Ruiz, catedrático de Historia del Derecho y de las Instituciones en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y coautor de Elena o Eleno de Céspedes, el último libro sobre el caso, publicado este año por la editorial Dykinson.

Cuando adolescente, Eleno se casó con un albañil. El marido le funcionó bien por tres meses (según consta un acta de la Inquisición), pero Eleno quedó embarazado y abandonó a su esposo. Eleno dio a luz en Sevilla y entregó a su único hijo a unas personas oriundas de allí.

Al quedar embarazado, sería la última vez que Eleno tendría relaciones sexuales con otro varón.

Después de haber abandonado a su esposo y de haber regalado a su hijo, vivió en muchos lugares de España para luego alistarse al ejército español e incluso formar parte de distintas rebeliones de la época.

Después se mudó a Madrid, recién nombrada capital de España, en donde aprendió el oficio de cirujano, se examinó y logró la licencia. «Es la primera cirujana en la historia de la medicina española, aunque obtuviera fraudulentamente el título» porque estaba entonces reservado a los hombres, apunta Emilio Maganto Pavón, autor del libro El proceso inquisitorial contra Eleno de Céspedespublicado en 2007 por Método Gráfico.

Se casó con una mujer en Yepes, un municipio español. Pero su matrimonio duró poco más de un año, pues un antiguo compañero de armas denunció ante la ley que Eleno era mujer, esto a través de un rumor que se habría escuchado cuando Eleno luchaba en las rebeliones.

La pareja fue apresada y sometida en Ocaña a un juicio que fue seguido de otro inquisitorial en Toledo, solo contra Eleno, y que acabó con una condena de 200 azotes públicos y reclusión durante diez años en un hospital. Su caso había tenido tal resonancia que el director del centro tuvo que pedir que trasladasen al nuevo reo por «el grande estorbo y embarazo» que causaba su presencia, como indica en la carta que envió al Santo Oficio. «Estoy seguro de que, de manera callada y pausada, muchos homosexuales se acercaban a ver ese caso de valentía absoluta», opina el catedrático Ruiz.

Quedan muchas dudas sobre los genitales de Eleno. Hasta el juicio logró que numerosas personas, entre ellas nada menos que Francisco Díaz, cirujano de Felipe II y autor del primer tratado de urología; le certificasen como varón, lo que le permitió casarse con una mujer.

¿Cómo? Ruiz cree que solo pudo lograrlo implantándose los genitales masculinos de un cadáver para superar las amonestaciones necesarias para contraer matrimonio. «Se hizo una automutilación gracias a sus conocimientos de cirugía y a la ayuda de una curandera morisca: disimuló los pechos con vendajes compresivos y se obturó la vagina usando elementos cáusticos, hasta el punto de que nadie conseguía encontrarla», precisa. En el proceso de Ocaña se habla de que recurría con su mujer a un «instrumento tieso y liso». «Debía de ser un consolador llamado baldrés, hecho de madera forrado con cuero blando», señala Maganto. «El lesbianismo era entonces casi invisible y quedaba fuera del radar. Solo se consideraba sodomía si había un falo falso», explica por teléfono desde EEUU Israel Burshatin, doctor por la Universidad de Columbia experto en estudios de género que analizó el caso en el ensayo Queer Iberia.

El caso fue tan conocido en la época que posiblemente inspirase a Miguel de Cervantes su personaje Cenotia, una suerte de maga nacida en Alhama de Granada y huida de la Inquisición que aparece en Los trabajos de Persiles y Sigismunda. Lo recuerda desde 2012 una placa en la localidad.

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Con información de elpais.com

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