
A finales del siglo XIX sexólogos hacían observaciones sobre el efecto que las personas tenían hacia otras personas del mismo sexo, el deseo, conducta e identidad sexual. Basaron sus primeras teorías acerca del lesbianismo desde el desafío de roles en la vida diaria y llegar a ser consideradas mentalmente enfermas. Se creía que era una condición no permanente y fue llamado Uranismo, al pensar que se debía a una enfermedad neurológica por el simple hecho de sentir atracción hacia otra mujer.
No era de extrañarse que poco a poco resultaran grupos defensores y movimientos sociales que a la larga se les conocería como feministas, que igual se discutía por la igualdad de oportunidades para el género, derechos estudiantiles, el amor libre por supuesto y hasta el aborto. Berlín fue de las primeras ciudades en manifestar y apoyar el movimiento lésbico a principios de los años 20, desde himnos que la temprana comunidad hizo suyos así como grandes y lujosos bares exclusivos para que las mujeres pudieran dar rienda suelta a sus deseos, pasando por el movimiento Underground donde hasta tres veces a la semana se organizaban fiestas donde igual travestis y mujeres con tendencia lésbica departían sin preocupación alguna.

Contrario a lo que se pudiera pensar las cosas no eran tan diferentes de este lado del charco; en Estados Unidos también empezaba a presentarse un fuerte movimiento lésbico, de manera más clandestina pero de igual manera influyente y representativo para los primeros movimientos lésbicos, sobre todo en Nueva York, donde en barrio considerados del gueto como Harlem y hasta Greenwich Village alojaban clubes donde las mujeres podían ser ellas sin temor a ser juzgadas, cantantes de blues inclusive incluían en sus interpretaciones los amoríos que tuvieron con diferentes estrellas del mundo de la farándula de ese tiempo.

Las tempranas relaciones lésbicas que empezaban a existir en esa década eran aceptadas en este tipo de barrios, no aceptadas de forma abierta claro está, pero tampoco era algo fuera de lo común.
En la década de los 70 y su afamada revolución sexual, no podía escapar de todo el movimiento lésbico, se hizo firme la idea de diferenciar el comportamiento de la mujer contra lo que realmente la definía como identidad. Es decir, si realmente era una lesbiana o simplemente le gustaba andar recolectando experiencias con quien se dejara. Revolución sexual que no escapó para nuestro país; México también empezó a despertar y tener más conciencia sobre el movimiento lesbo y, encontró una voz de la mano de Nancy Cárdenas quien fue la vocera del FRENTE DE LIBERACIÓN HOMOSEXUAL, la primera organización en forma del país. A partir de aquí la comunidad fue imparable.

LESBOS, la primera comunidad lésbica fundada en 1977 fue una de las muchas expresiones prolésbicas del país. Con sólo dos años de existencia y lejos de parecer algo efímero, sirvió para que otras organizaciones encontraran un medio por el cual comunicarse, OIKABETH, LAMDA, FHR son unos de los tantos grupos en pro del movimiento lésbico de la época.
Para los 80 no sólo se denominaba como un movimiento localista, el ser lesbiana y asumirse como tal era parte ya de un movimiento internacional, ayudado por la globalización que se estaba gestando y los medios de comunicación, la carga política se convirtió en parte fundamental para las mujeres donde cuestionaban el régimen y la sociedad tradicionalista: “no hay democracia política sino hay libertad sexual”.

En los años 90 el cine y música fueron parte importante para que se siguiera difundiendo el mensaje de tolerancia e igualdad para la comunidad: “Silkwood”, “El Color Purpura”, “Bajos Instintos” y “Tomates verdes fritos” eran éxitos de taquilla con temáticas sobre la comunidad lésbica como historia principal. Ellen DeGeneres fue parte importante para la cultura Yankee con su salida del clóset a finales de la década, aun y cuando organizaciones conservadoras protestaron, el episodio de su serie de comedia resultó ser uno de los más vistos en la televisión americana.

Para la próxima década afortunadamente en cuanto a cultura pop se refiere, la apertura ha sido más y más constante, pero aun y cuando los estereotipos se tratan de dejar de lado, sigue habiendo esa percepción en la cual una lesbiana tiene que ser ruda y excesivamente masculina cuando la realidad es muy distinta. Se sigue luchando y hay organizaciones que lo siguen demostrando, llevando un mensaje de libertad, de no tener miedo y dejar de verse como una amenaza. Desde el siglo pasado se busca y se seguirá buscando esa apertura e integración hacia la sociedad.ᴥ
Artículo de Israel Vázquez, originalmente publicado en Ulisex!Mgzn 106 (2014).















