Coral Bonelli (1963-2019) Transformación en los escenarios

Coral Bonelli (1963-2019) Transformación en los escenarios

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(México, Distrito Federal 21 de abril de 1963-Ciudad de México 4 de mayo del 2019)

Fue hija de Lilia Ortega “Doña Pinoles” y/o “La abuelita Dinamita” y a Fernando Villafuerte Trejo, a quien se le conoció en el medio del espectáculo nocturno como “Malafacha”, de origen argentino y quien fuera “el primer doble de Cantinflas”.

Coral sintió desde una edad temprana la necesidad de cambiar de género, sin embargo esto no lo llevaría a cabo sino mucho tiempo después. Doña Lilia recuerda los primeros pasos de Fernando, después Coral y lo comenta entrevista al director Roberto Fiesco:

“En su cuarto había una consola sacada en abonos en la que Fernando, de cinco años, escuchaba a escondidas La hora de Raphael, el cantante de moda, mientras su madre iba al mercado.

Gracias a que había podido verlo por televisión, el niño comenzó a imitarlo, ante el disgusto de Lilia, quien de todas maneras vio en su hijo el interés por iniciar una carrera en el espectáculo como “fonomímico‟ (“- ¿Serías capaz de actuar ante el público? – Sí mamá.”) Doña Lilia decide llevar a su hijo, vestido con su pequeño traje negro y botas a imitación del célebre cantante español y con un disco de 45 rpm, a una carpa en el barrio de Tacuba donde esa noche se verificaría un concurso de aficionados que a la sazón el niño ganó cantando «Mi gran noche» y con ello sus primeros quince pesos.

A partir de ahí se sucederían otros concursos en humildes carpas, apariciones en discretos programas televisivos, o en radiodifusoras hoy extintas, y presentaciones en las plazas de colonias del extrarradio de la ciudad, ante el disgusto de su padre y acompañado siempre por su madre, incansable y cómplice que, al inicio de aquellas andanzas, permitió que un promotor de estas “caravanas artísticas‟ bautizara a su hijo con el mote de “Pinolito‟, porque según él: “el pino es chiquito, así bien bonito, y se va desarrollando y crece grande, grande, y yo tengo la idea que este niño va a ser muy grande, va a ser un gran actor.” Fue un gran imitador del cantante español Raphael y junto con su madre, Lilia Ortega (Los Héroes del Norte), recorrían en caravanas varios lugares.

A través de Procinemex, un organismo estatal responsable de la difusión del cine mexicano en los años setenta, que pretendía que el público se acercara al mundo fílmico y a sus artistas favoritos, Lilia y su hijo Fernando logran entrar a los Estudios Churubusco.

El premio no sólo era una visita, sino que incluía también los alimentos en el entonces célebre comedor de los Estudios. Fueron en repetidas ocasiones y fue así como doña Lilia volvió a ser extra en las películas. Y fue ahí donde “Mamá Borinque‟, la mamá de la actriz Kitty de Hoyos, “descubrió‟ al pequeño Fernando y lo llevó a donde Luis Alcoriza y Jorge Fons preparaban, el tercer episodio de «Fe, esperanza y caridad» (1972), escrito por el primero y dirigido por el segundo.

De inmediato Fons acepta al niño y lo integra a una lectura de guion con el resto de los actores, Julio Aldama, Katy Jurado, Stella Inda, Pancho Córdova, Sara García. (“Yo no conocía a nadie, yo no sabía ni quiénes eran, ni qué estaba haciendo, comentaba Coral.”)

Fernando encarna precisamente el hijo de Eulogia (Katy Jurado), aquel que desencadena todo el terrible calvario de los personajes. En esta cinta, Fernando era uno de los niños que se peleaban cuando el personaje de Sara García arroja unas monedas, generando entonces una violenta reacción en uno de los padres.

El golpe que se le dio en la frente le dejó una cicatriz para toda su vida. Años después, Fons volvería a reunir a sus dos niños protagonistas en El callejón de los milagros, ofreciéndoles una pequeña participación en recuerdo de aquel proyecto. (“Me encantaba ver las luces y las cámaras, pero nunca supe qué estaba haciendo, hasta mucho después me di cuenta de que lo que hacía era un trabajo actoral, recordó Bonelli.”). Desde los 13 años, Fernando solía montarles las coreografías de 15 años, sin cobrarles a sus vecinas, desde entonces fue cultivando su amor por la danza y por el baile. “Solo pedía que me dejaran vestirme de mujer y ser el bufoncito de la fiesta”, le contó Coral a Antonio Bertrán Rodríguez, cuando la entrevistó para su libro “Chulos y coquetones”.

Caridad, se erigió como uno de los más brillantes momentos fílmicos del cine nacional de la época y constituyó la oportunidad para impulsar la carrera de “Pinolito‟ que trabajó durante esta década en más de treinta películas como: Tráiganme la cabeza de Alfredo García (Sam Peckinpah, 1973), La casa del sur (Sergio Olhovich, 1974), La India (Rogelio A. González, 1974), El hijo de los pobres (Rubén Galindo, 1974), Espejismo de la ciudad (Julio Bracho, 1975), Hermanos del viento (Alberto Bojórquez, 1975), Los albañiles (Jorge Fons, 1976), Los hijos de Sánchez (Hall Bartlett, 1977), Matar por matar (Toni Sbert, 1977), entre otras, interpretando personajes más bien pequeños y muy eventualmente estelares.

En medio de una industria que vivía un importante repunte en cuanto a volumen de producción y calidad formal y de contenidos, ya que una nueva generación de cineastas jóvenes debutaron con el irrestricto apoyo del Estado, mediante una política cultural que alejó a los productores privados para articular compañías estatales, donde aparentemente la censura se había demolido y existía una gran pluralidad de géneros, e incluso una enorme conciencia social e histórica por parte de sus realizadores. En ese contexto durante su adolescencia participó en el filme ‘La seducción’ al lado de Gonzalo Vega y Viridiana Alatriste, a quien recordaba por su belleza incomparable.

Las autoridades cinematográficas tenían el objetivo de construir una nueva “época de oro‟ del cine mexicano, que comenzaba nuevamente a ser respaldado en taquilla por el público local, respetado por una crítica seria, pero “oficialista‟; y exhibido en el mundo, con importantes repercusiones en festivales fílmicos internacionales. Siendo éste un proyecto sexenal, la industria nuevamente comenzó a desmoronarse con el cambio de gobierno, y el aparato industrial cinematográfico fue desmontado puntualmente, ahogando nuevamente a los cineastas y dando oportunidad a que los productores privados regresaran en la década siguiente implementando subgéneros cinematográficos populares que devinieron en las numerosas sexy comedias de la época, con vedettes y cómicos; así como en el afianzamiento de un cine derivado de la narco-cultura.

Fue precisamente en los años ochenta cuando la carrera de Fernando tomó otra ruta, había dejado de ser niño y la industria fílmica en la que había crecido estaba completamente desmantelada, fue entonces que se convirtió en bailarín del teatro de revista, llegando a participar en numerosas temporadas en el teatro más emblemático del género, el Teatro Blanquita, “la catedral del teatro frívolo‟. También trabajó en el teatro burlesque “Colonial” entre las vedettes con las que trabajò estuvieron: Lyn May, Sagra Montero, Aramis Dueto o con estrellas como Marìa Victoria o Adalberto Martínez “Resortes”.

Coral, le comentó a Roberto Fiesco: “El cine se vino para abajo, y entonces me dediqué a la danza. Tenía que seguir cotizando en la ANDA, me gustaba bailar, me pagaban por eso, así que dije: “de aquí soy‟. Ahí fueron sus encuentros con Los Hermanos Imperio, coreógrafos titulares de los espectáculos de Carmen Salinas, Sasha Montenegro, Ignacio López Tarso, y un sinnúmero de cantantes, declamadores y cómicos que llenaron algunas de las más gloriosas temporadas del espectáculo nacional de la época. También bailò en el Quid y trabajó con Arturo Jackson.
Ahí, a un lado de Plaza Garibaldi vivió con su madre por más de cuatro décadas, les tocó vivir los horrores de aquel terremoto del 19 de septiembre de 1985:

“Ambas siguen viviendo en Garibaldi, a pesar de que el edificio en el que vivían originalmente, a unos pasos de donde habitan ahora, se destruyó con el sismo que asoló a la ciudad de México en 1985, el cual se llevó no sólo sus pertenencias, sino también la vida de su hermano Pedro, el hijo menor de la familia (“Se cayó como cuando pones un pastel que se desmorona, la habitación donde estaba mi hermano se abrió, fue muy duro porque tuvo fractura de cráneo y múltiples fracturas en la columna. Nosotros vivíamos en el sexto piso de un edificio que tenía nueve. Fuimos a caer hasta el suelo en la plaza de Santa Cecilia, recordó Coral.”), lo cual entrañó un enorme cambio en sus vidas y seguramente encaminó la decisión de Fernando de asumir una personalidad femenina que lo hiciera sentirse ahora mucho más libre (“Necesitaba ser yo. Lo que conocieron antes era un personaje, ésta soy yo realmente, enfatizó Bonelli”).”

Asumido como gay, según sus propias palabras, y convertido en Coral, «fichó» por un tiempo en calles donde algunas de sus «compañeras» eran asesinadas por los clientes. «Me molesta», dijo en su momento en una entrevista «que me sigan llamando por mi nombre antiguo». Su proceso de transición entre lo gay y lo trans, lo contó al periodista Antonio Bertrán quién lo reseñó de la siguiente manera:

“Ya adulto, Fernando hizo show travesti imitando a Lucha Villa y Lupita D’Alessio en un bar del centro de la Ciudad de México, el Club de los Comediantes. Solía travestirse en casa de su hermana Hilda, que le llevaba 13 años, para que su mamá no lo molestara. Pero un día regresó a su casa con la ropa de mujer puesta y sin quitarse el maquillaje. Ante los reclamos de su madre por lo que podrían decir los vecinos si lo veían así, respondió: “¡Chinguen a su madre los vecinos, yo no trago de ellos! Que hablen bien de una vez, porque a partir de este momento se acabó Fernando y entra Laura Roxana (el primer nombre que escogió)”.

Así fue como Coral asumió su identidad transfemenina, a los 32 años, porque pensaba: “O me acepto yo misma o me aviento al pinche metro, y adiós”.

Su sobrina mayor, Hilda Lourdes, me contaba que una vez la alcanzó cuando estaba en un puente del Eje Central Lázaro Cárdenas, amenazando con tirarse:
—Mire, tío, si se va aventar, hágalo, pero no esté jugando ni haga sufrir a mi abuelita.
—Es que tu abuelita no me acepta.
—Dele tiempo.

Tiempo también necesitó su sobrina Verónica, quien lo veía como un padre. “¿Por qué mi papá tiene chichis?”, recordó que se cuestionaba sobre el proceso de transición con implantes mamarios y hormonas que siguió Coral. “Entonces mi mamá y mi abuelita hablaron conmigo y lo entendí”.

Fue en 2003 que el director Roberto Fiesco, tuvo contacto con ella a partir de su madre, quién se había presentado en la selección de reparto para “El Mago”, doña Lilia comentó su apoyo y derivo su parentesco con el afamado niño actor:

“Días después, la señora Lilia, llegó a la oficina y me dijo: -Te traje a “Pinolito‟. Cuando entró quedé muy sorprendido al darme cuenta que aquel niño era ahora una mujer rubia, muy alta, de cara obviamente masculina, que actuaba en un show travesti con el nombre de Coral Bonelli. En aquella película, le conseguimos una pequeña parte como administradora de una estética de belleza y desde entonces continúa trabajando eventualmente en el cine haciendo pequeños bits. Actualmente, Fernando/Coral imita, como aquel fonomímico que fue desde su infancia, a Lucha Villa y Celia Cruz, figuras emblemáticas de la música popular.”
¿Cómo fue durante décadas, el entorno de Coral y su madre? Vivía en la colonia Centro, cerca de la Plaza Garibaldi, el director Roberto Fiesco, nos lo describe:

“Su departamento es pequeño, apenas de dos habitaciones, pero está decorado como un pequeño templo dedicado a su carrera en la farándula. Las paredes rojas de la habitación principal, que es a la vez cocina, sala y comedor, están tapizadas de carteles, lobby cards y fotografías que dan cuenta de numerosos rodajes, espectáculos, encuentros con celebridades, mariachis y cómicos, que forman parte de un pasado siempre añorado y continuamente recordado.”

Coral soñaba con tener una academia de danza y con dirigir películas, para lo cual escribió, pequeños argumentos en su máquina de escribir, siempre sobre personajes travestis, donde ella misma era la protagonista. Ya mayor y asumida como mujer trans, cuando llegó a los 50, Coral se hizo una fiesta de quinceañera que le ayudaron a organizar sus sobrinas. Vistió un traje rojo de terciopelo con aplicaciones doradas.

Coral, fue dichosa en amores y mantuvo una relación de largo alcance, con sus altas y sus bajas, con un guardia de seguridad, de nombre José Antonio Velazquez Vallín al que conoció de casualidad, cuando la actriz entró a un establecimiento que vendía bolsas y accesorios para dama, preguntando por un pareo, en la calle de Tonalá, la Colonia Roma. Al día siguiente, Coral lo invitó a tomar un café y le mostró su interés, al poco tiempo se convirtieron en novios.

Si bien Coral, llevó su propio proceso de reconocimiento y aceptación de su identidad de género, para su madre llevó otro proceso en el sentido de reconocer a su hija, aceptarla y valorarla. Para doña Lilia, fue muy complicado saber que su hijo no era él, sino ella, y aunque decía que no tenía prejuicios, siempre temió el rechazo de la sociedad hacia su hijo, pero lo apoyó, e hizo todo por asimilarlo y reconocerlo públicamente, como le comentaría a Roberto Fiesco:

“Ha aprendido a referirse a Coral como “su hija‟, aunque lamente profundamente que la carrera de Fernando como actor se haya truncado, cuando desde pequeño tanta gente le había augurado un porvenir muy brillante, como ella misma dice: “cuando Fernando dijo que ahora era mujer a mí se me desgarró el corazón, porque ahí se acabó su carrera, porque ahora ya no le dan trabajo, ¿y qué va a hacer cuando yo no esté?”

En 2009, Coral Bonelli y Roberto Fiesco volvieron a coincidir en el rodaje de Rabioso Sol, rabioso cielo de Julián Hernández; así como en Flor de Fango de Guillermo González, filmada en 2012. Tras una llamada se vieron y fueron dando vida a un proyecto documental que narraría la vida y procesos de Coral y su madre doña Lilia, el nombre de este proyecto: Quebranto.

Bonelli destacó por compartir su vida en el documental Quebranto, de Roberto Fiesco, en el que narró cómo fue que decidió identificarse como una mujer y no como un hombre. En el largometraje también apareció su madre Lilia Ortega, con quien añoraba su pasado fílmico, el director contó una historia familiar, como él lo explica:

“A final de cuentas descubrí que en realidad lo que estábamos contando era la historia de una madre y su hija (o) sobre todo, porque a la par de ser una relación entrañable, aunque para doña Lilia fue como un shock emocional tremendo la noticia de que su hijo Fernando quería cambiar de género y ser Coral”, explicó el realizador.”

En 2014, Coral participó en la película de Fernando Urdapilleta, Estrellas Solitarias encarnando a un “activista gay”. Quebranto le había reencontrado con el cine, tendría una participación en Mexican Ganster. Ese mismo año se llevó el Premio Ariel por esta actuación, fue una de sus más grandes alegrías, también recibió junto a Roberto Fiesco: El Asterisco, en Buenos Aires, acompañados de Armando Cristeto, fueron momentos de felicidad ya que un año después, tendría una de sus mayores tristezas, la muerte de su madre el 4 de marzo del 2015, doña Lilia siempre pensando en su hija solicitó al novio de ella que nunca la dejará sola, por lo que el galán de Coral, se fue a vivir con ella.

En septiembre-octubre del 2015, participó en la obra : «Chamaco” de Abel González Melo dirigida por Alejandro Ramírez.
En el 2017 participó en la serie de Canal Once: Noctámbulos dirigida por Sergio Muñoz. Ese mismo año realizó su cambio de identidad de género en la ciudad de México para que sus documentos la reconocieran como mujer:

“El cambio de papeles fue rápido y gratuito. El año pasado cuando fue la marcha gay, ofrecieron los trámites para el cambio de acta de nacimiento, pagué como 80 pesos, no fue caro. Pero lo de casarme ya lo había pensado y ya con papeles dije: ‘ahora sí lo voy a llevar a cabo’. Lo había platicado desde hace como siete años con él”, explicó Coral.

En octubre de 2017, fue dirigida por Moisés Cardez para la película Tony Mota, el niño sicario, como dato curioso, la fotografía del poster oficial fue tomada en casa de Coral y parte de la película fue filmada en el edificio donde vivía. El 29 de junio de ese mes, Coral se casó con el hombre de su vida: José Antonio Velázquez Vallín. A principios de julio del 2018, a Coral le amputaron el dedo medio del pie izquierdo, debido a la diabetes que padecía desde hace años.

A principios de este año, algunos artistas y curadores se organizaron para realizar una revisión de proyectos, para apoyar económicamente a Coral. Falleció en su casa, a causa de la diabetes que la minaba desde hace 33 años, acompañado de su esposo. José Antonio fue quién le cuido amorosamente durante los meses que estuvo internada, quién le cerró los ojos.

Fue amortajada con una playera del Cruz Azul, equipo del que era fan; un tutú y unas zapatillas de ballet. Se veló en Gayosso de la calle de Colima, No. 254, Sala J casi esquina Insurgentes, en la colonia Roma. Sus restos fueron cremados y descansan en su departamento.

Su última voluntad fue que su departamento, ubicado sobre Eje Central en el barrio de La Lagunilla se convirtiera en un museo que sirviera para recordar a ambas actrices, madre e hija. Don Josè Antonio, expresó que ante la posibilidad de su muerte, Coral solicitó que no saliera nada de su departamento.

Para efectos legales su nombre era Fernanda García Ortega.

Agradezco a Roberto Fiesco, Omar Muñoz y Antonio Bertrán Rodríguez.

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