El mito fundador: ‘Los cuarenta y uno’ en la Historia de México

El mito fundador: ‘Los cuarenta y uno’ en la Historia de México

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José Guadalupe Posada fue el más grande de los grabadores mexicanos, quien plasmó en algunas de sus obras el ambiente de las pulquerías y los banquetes de la época porfiriana, incluido el célebre episodio de "Los 41 Maricones".

En la historia de las naciones y de las poblaciones existen los llamados mitos fundadores, aquellos mitos que explican los orígenes, que ayudan a formar identidades, crear vínculos, construir una historia en común entre otras funciones, es por ello que “Stonewall Inn”, ha logrado ser con éxito el mito fundador del activismo LGBTTTI+ a nivel internacional, la batalla de tres noches y dos días en el Greenwich Village de Nueva York, logró unir y desear la liberación homosexual en diversos países de occidente.

A pesar de la influencia estadounidense en cultura y vida cotidiana, cada día que pasa, se escucha con mayor insistencia la necesidad de explicar históricamente la homosexualidad en México, para ello existen posiblemente no uno, ni dos, sino tres mitos fundadores; para el activismo está el mito fundador del Gay Liberation Front, primer grupo mexicano gay en el que militaron: Nancy Cárdenas, Luis Prieto, Sergio Pitol, Luis González de Alba, Carlos Monsivais, entre otros; para los historiadores tal vez el mito fundador sea Cotita de la Encarnación y sus amigas quemadas por la hoguera inquisitorial, sin embargo para la población LGBTTTI en su conjunto, no existe otro mito fundador, que el baile de los 41.

 

 

El baile de los 41 es un mito con mucha historia, porque a pesar de que se desconoce a ciencia cierta el nombre de todos los implicados, detalles como es lugar donde fueron aprendidos, y algunos otros detalles, estas lagunas han impulsado a varios historiadores a realizar una exhaustiva búsqueda, logrando armar una historia que nos señala este evento como un baile homosexual clandestino con un final trágico, como los muchos que había en aquel entonces en otras ciudades como: París, Berlín, Madrid, San Petersburgo, Londres, Rio de Janeiro, Washington entre otras capitales, este tipo de ejercicios de libertad nacieron como: “sociedades de baile” en el siglo XIX y servían para que los homosexuales sociabilizaran a partir de ritos como el “pastoreo” (símil de matrimonio) o el bautizo (con nacimiento de un muñeco adhoc).

Un mes antes de la famosa redada de este singular baile, en la 4ta. Calle de la Paz –hoy Ezequiel Montes- la policía porfiriana ya había detectado espacios donde los sodomitas hacían gala de su existencia como La Alameda, el Zócalo y la calle de Madero, algunos de ellos habían mexicanizado la cultura y moda del dandy europeo, transformándose en una versión tropicalizada denominada: Lagartijo.

Ignacio de la Torre y Mier, yerno de Don Porfirio Díaz, casado con su hija: Amada Díaz, se le relaciona sexual y sentimentalmente con Emiliano Zapata, de quién fue patrón y protector.

Entre los famosos personajes se encontraban: Ignacio de la Torre y Mier –yerno del dictador-, Antonio Adalid Pradel –vástago de los barones del pulque- y Alejandro Redo de la Vega –futuro gobernador-, la dinámica era realizar el pastoreo o el bautizo, rifar un “Pepito” –joven adolescente que iniciaba así al mundo homosexual- o la rifa de un cadete –a beneficio no sólo del oficial, sino de su compañía, o de su jefe inmediato-, se bailaban valses, y el transformismo era habitual, tal vez por ello fue que encontraron de los 42, la mitad vestidos de masculinos y la otra mitad de femeninos, según relatara Posadas.

Tras el escándalo social, vino el escándalo en medios, nombrando lo que tan solo unos años antes “no se atrevía a dar su nombre”. La Prensa, le dio tal difusión, que fue imposible no enterarse de que la mayoría de la juventud de la clase gobernante estaba inmiscuida, lo cual debilitó moralmente al régimen. Apresado o no Don Ignacio, trascendió al imaginario público que al leer su nombre en la lista de implicados, el dictador corrigió el número diciendo que no había 42, sino 41.

A partir de entonces el número 41 fue marginado, ya no hubo el 41 en habitaciones, batallones, nadie cumplía 41 años, no fuera que lo confundieran con alguno de “aquel baile”, es más se empezó a decir que los 41 era la edad “peligrosa”, que la gente “se volteaba”, nunca en México, un número fue tan llevado y traído. Fueron muchos los que del afamado “Baile de los 41”, escaparon por sus relaciones sociales, políticas o económicas, algunos cuantos de clase media se ampararon y fueron protegidos por la SCJN, muy pocos, 14 terminaron sus vidas en Quintana Roo, territorio del Estado de Yucatán, que durante esas fechas fue castigado, siendo dividido en tres entidades, por aquella afamada guerra de castas.

Este fue nuestro mito fundador, a partir del 18 de noviembre de 1901 los periódicos y la sociedad mexicana no pararían de hablar de la homosexualidad, a partir de esta redada y este baile que no fue ni la primera, ni la última se ha construido una historia que enlaza a hombres homosexuales y bisexuales, así como antecede a las mujeres trans. El Baile de los 41, por ello queda inscrito en letras de oro en la Historia LGBTTTI.

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