José Arturo Enríquez (1964-2016)

José Arturo Enríquez (1964-2016)

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(Ciudad Delicias, Chihuahua 17 de noviembre de 1964-Zacatecas 2 de septiembre del 2016)

El Chato, como le decían sus amigos, desde la primaria ya era un niño «diferente», estudió en la Escuela Secundaria Federal «Leyes de Reforma» en Delicias, donde también realizó su preparatoria en la Activo 20-30, Albert Einstein, donde salió en 1982, realizó por un año estudios en Grafton High, en Wisconsin y luego se mudó a Saltillo en el año de 1983.

José Arturo estudió la carrera de Químico Farmacobiólogo en la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad Autónoma de Coahuila graduandose en 1987, en el 2000 alcanzó el grado de Maestro en Ciencias estudiando en el departamento de genética y Biología Molecular en campus Zacatenco del Centro de Investigación y Estudios Avanzados, mismo lugar donde se doctoró en el 2005.

Trabajó en la Academia Atea de México, fue investigador en la jefatura de investigación y desarrollo en Fersinsa-Gist brocades, en el desarrollo de procesos de sintesís de antibióticos de febrero de 1988 a abril de 1997.

José Arturo fue profesor investigador en la Universidad Autónoma de Zacatecas de agosto del 2007 a septiembre del 2016. Su área de investigación era en mecanismos moleculares en enfermedades infecciosas. Impartía las materias de biología molecular, biología celular, bioquímica, genética general, técnicas moleculares en biomedicina y microbiología, genética microbiana, diagnóstico molecular de enfermedades hereditarias y detección e identificación moleculares de enfermedades infecciosas, en las carreras de medicina y ciencias biológicas.

A José Arturo Enríquez lo conocí gracias a mi querido, Martín Bonfil Olivera, seguramente escribí algo que le llamó su atención en septiembre del 2014 donde empezó nuestra amistad, gustaba de enviarme fotos y páginas para hecharme tacos de ojo, fue amigo de José Gabriel, un chico que también subimos al Obituario y de quien no sabía mucho hasta que vio su semblanza aquí, le escribió a sus hermanos para preguntar por él y nunca le contestaron.

José y Martín fueron muy amigos, y por ello luego discutían, se enojaban, luego volvían a su ciclo de amistad y sarcasmo, siempre con humor, a veces no tenía la razón pero era dificil ganarle con argumentos las discusiones. José padecía el síndrome de Asperger, problemas de columna, sobrepeso, problemas de sueño y sufría de limitaciones para moverse, además que vivía solo con una banda de mascotas que eran su adoración. Era fan de Star Wars, algo que nos identificaba también.

José Arturo era un enamorado del arte, compró en el 2015 una imagen del siglo XIX de San José, con problemas de corrosión, por lo que se puso a buscar un restaurador competente. En su momento fue asiduo al viejo 33 donde su recuerdo más gratos era el de «…una vestida que andaba pedísima baile y baile, sin depilar las piernas y con un mini vestido tejido de estambre que se le salían los pezones por entre los huecos del estambre, a la que luego se le subía la falda y se le veía la carpita

Ricardo Ceballos Lizarraga nos ofrece una faceta de José Arturo: «Amigos, conocí a José Arturo Enríquez en 2000. Nuestras largas conversaciones sobre música barroca italiana y los castrati de la época que admirábamos. Las opiniones encontradas y las discrepancias que tanto disfrutaba siempre que vinieran de él y su capacidad para acorralarme con su razonamiento y dialéctica, me son memorables. Un día en la Ciudad de México, mientras juntos leíamos el poema SEVEN P.M. (su favorito) de Octavio Paz, se detuvo llorando y me decía: lee Ricardo:
«En filas ordenadas regresamos
y cada noche, cada noche,
mientras hacemos el camino,
el breve infierno de la espera
y el espectro que vierte en el oído:
“¿No tienes sangre ya? ¿por qué te mientes?
Mira los pájaros…
El mundo tiene playas todavía
y un barco allá te espera, siempre.”

Entre sus efectos personales había revistas y hasta boletos de lugares extintos como el Saloon Bar el Gran Barón o emblemáticos como El Spartacus. José Arturo, gustaba de las motocicletas, el no poder viajar en una lo tenía frustrado, sobre todo porque en la ciudad de Zacatecas sufría por las distancias y el ritmo propio de esta barroca y colonial ciudad.

Días antes de que falleciera su gato Nermal, escapó, José Arturo presentía que no lo volvería a ver con vida, durante esta última etapa de su vida sufría muchos dolores. Tratando de mitigar sus dolencias se automédico (o tal vez quiso terminar con ellas), llegó a la sala de emergencias donde sufrió un paro respiratorio.

Su hermana viajó a Zacatecas para hacerse cargo del cuerpo, su cuerpo fue cremado en Delicias, lugar donde vive su madre, para después depositar sus cenizas en la ciudad de México, ciudad que añoraba. Sus alumnos repartieron sus mascotas para que tuvieran un hogar, allá donde esté hay una gato y una iguana que seguramente lo esperaron..

Información y texto tomado de;

https://www.facebook.com/josearturo.enriquez

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