Juan Eduardo Lozano Ortega: Un joto rojo declarado vs ‘el amigo invisible’

Juan Eduardo Lozano Ortega: Un joto rojo declarado vs ‘el amigo invisible’

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(Ciudad de México 14 de febrero 1973-íd 09 de julio del 2017)

Juan Eduardo fue criado por su madre y sus tres tías, en el amor al estudio y en total libertad de decidir su camino en la vida. Así, según cuenta su madre, durante la secundaria decidió saltarse las reglas de género que imperaban en los centros escolares de su época y estudiar el taller de cocina, provocando además por ese mismo acto que varios de sus compañeros le siguieran en la aventura de romper con los estereotipos.

La preparatoria la cursó en una escuela privada, y siendo de gustos sencillos, gozaba usar uniforme para no tener que preocuparse por su apariencia; incluso ya siendo un adulto solía tener varios pantalones, camisas y trajes del mismo color, aunque llegó también a combinar colores de modos poco convencionales.

Estudió sociología en la UAM Azcapotzalco (1990-1994), donde conoció a Francisco Galván Díaz, quién fue un referente respecto de la lucha contra el VIH; también tuvo la oportunidad de conocer otros activistas gay, lo que le animó a estudiar y colaborar mediante su profesión con diversos integrantes de los colectivos LGBT, en especial en la lucha contra el VIH/SIDA.

Lalo fue un joven con una gran capacidad intelectual, que se especializó en procesos educativos, con énfasis en la desigualdad educativa y métodos cuantitativos.

Durante este tiempo participó también en algunas actividades académicas como por ejemplo un video sobre la historia de la UAM (proyectado en el concierto conmemorativo de los 40 años de la Universidad Autónoma Metropolitana).

Su desempeño como estudiante le valió obtener en 1997 La Medalla al Mérito Universitario, y el Premio de Investigación por su trabajo terminal de grado. Cabe resaltar que su promedio géneral de licenciatura fue 9.9.

Una nueva etapa

En 1996, Juan Eduardo se enteró de que vivía con VIH/SIDA, pero optó no dejarse vencer por ello. No solo se apegó rigurosamente a su tratamiento, sino que comenzó a informarse muy ampliamente sobre los fármacos, sus usos y los avances en la investigación biomédica respecto del vírus. También estaba al tanto de sus derechos como usuario de los servicios de salud. Por este mismo motivo y sin proponerselo, se convirtío en un activista: empezó a apoyar de manera horizontal y amistosa a muchos hombres gays y bisexuales que necesitaban información y orientación sobre su vivencia con el VIH, e incluso les ayudaba a conseguir donaciones de antiretrovirales cuando les hacía falta, ya fuera por cambio de sistema de salud, ya fuera por desabasto del mismo sistema.También le procupaba mucho el hecho de que las personas VIH+ no contaran con servicios realmente especializados de acompañamiento emocional, de suerte que en muchas ocasiones terminaran en manos de personal poco sensible, a la par que hay un mercado de charlatanes que proponen curas y tratamientos casi milagrosos que pueden terminar por costar la vida de quienes con falsas esperanzas se dejan embaucar.

Nuevos caminos

Siendo un jóven muy capaz, ganó la Beca Internacional CONACYT para estudiar su maestría en la UCLA, en Los Ángeles (1998-2001), lo que le permitió avanzar en su formación como investigador en el campo de los procesos educativos, enfocandose en la aplicación de métodos cuantitativos, los cuales serían su pasión a lo largo de toda su vida.

Cuenta su madre que durante ese tiempo mantenían una comunicación regular, aunque algo límitada por el costo de las llamadas internacionales.

A su regreso Juan trabajó como Consultor/Investigador para el Tecnológico de Monterrey, Campus Ciudad de México (octubre del 2003-marzo del 2007), realizando evaluaciones para SEDESOL y otras dependencias federales mediante métodos de investigación cuantitativa (diseño de encuestas y procesamiento de datos, análisis de impacto) y cualitativa (trabajo de campo, entrevistas y análisis de datos cualitativos, procesos de impacto cualitativos), análisis de política social y metodología aplicada de las ciencias sociales, apoyo logístico y administrativo para el proceso de las evaluaciones.

Su trabajo fue tan bueno que le llevó a ser Consultor externo del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) de marzo de 2007 a diciembre de 2007, resultando imprescindible su labor para la “Encuesta Nacional de Pobreza” que derivó en el modulo socioeconómico de la ENIGH-INEGI 2008, así como en el módulo socioeconómico y supervisión de proyectos adjuntos a la Dirección General Adjunta de Seguimiento de la Pobreza y la Dirección de Normas y Métodos para la Medición de la Pobreza.

Aunque Juan tenía interés en la sociedad civil, optó por aplicar su experiencia y sus saberes en el trabajo institucional con incidencia en las poblaciones. Trabajó como Coordinador de Evaluación y Monitoreo para el Fondo para la Paz IAP de octubre del 2007 a enero del 2011, a la par de su labor como Consultor y Coordinador por proyecto para Tecnológico de Monterrey, Santa Fe, especificaente en el Centro Interdisciplinario de Estudios y Prospectiva (mayo del 2008 a diciembre del 2012).

Viendo la vida LGBT en el futuro

Era una persona realmente previsora y estaba consciente de la necesidad de tener seguridad social, así que para no apostarle únicamente a la jubilación, comenzó a invertir en seguros y otros fondos, sabiendo que una persona LGBT con una enfermedad crónica degenerativa requería prever su futuro para anticipàr riesgos a su bienestar. Trató además de conscientizar al respecto a sus amigos e incluso a algunos activistas alrededor de él.

Un amigo suyo cuenta que en una de sus últimas conversaciones habló largo rato del importante reto que tenemos las personas LGBT para madurar y envejecer fuera del esquema heteronormativo que conlleva casarse, tener hijos y derivar de allí las redes de apoyo para la vejez: según él, hacía falta abandonar tranquila y responsablemente la añoranza que tenemos las personas LGBT por la juventud (que como bien decía él mismo, es el periodo más breve de la vida), para reinventarnos individual y colectivamente, en cada nueva etapa: “como gay yo me he reinventado a mí mismo varias veces y ahora a mis cuarenta, lo estoy haciendo de nuevo”, dijo.

Horizonte académico

Del 2010 al 2015 ingresó nuevamente a la UAM, a fin de cursar el Doctorado en Sociología, con énfasis en metodología e investigación social aplicada. Entre sus intereses estaban: Pensamiento sociológico, economía y sociología («Economic Sociology») y metodología.

A la par de su formación académica continuó trabajando intensamente en el ámbito público, por lo que aunque fue reportando avances consistentes de tesis y tenía planes de concluirla a más tardar en 2018, no logró presentarla.

Durante los últimos años Juan Eduardo llegó a ser Subdirector de la Coordinación de Asesores dentro de la Comisión Nacional de Protección Social en Salud (Seguro Popular) /Secretaria de Salud de febrero de 2011 a septiembre de 2014. Este puesto conllevaba ser el responsable del control de información de la evaluación específica de desempeño y de consistencia de resultados del Sistema de Protección Social en Salud, además coordinar la evaluación general sobre el Sistema.

Participó de la mejora de los procesos de la encuesta de satisfacción 2011, 2012 y 2013 a los afiliados al Seguro Popular. Este puesto le permitió además observar desde otra perspectiva los problemas de las personas con VIH frente al servicio de salud y fue durante esta época que Irving Domínguez comenzó a platicarme sobre él y sus capacidades interpretativas sobre la situación del VIH en México.

Amigo del Obituario LGBTTTI

Más adelante, coincidimos en el Remate de libros en el Auditorio, y en breves minutos Juan Eduardo me mostró con cifras y con números las posibilidades del Obituario, sus omisiones y la importancia de cualificar esa matriz de información.

Me interesó invitarlo para algún seminario histórico, cosa que por los compromisos laborales de Juan Eduardo no se pudo concretar jamás, pero partir de este encuentro la perspectiva del Obituario empezó a cambiar: pasó de ser solamente un espacio de memoria histórica y reconocimiento de nuestros muertos, a una fuente de información sobre el comportamientos de nuestras poblaciones a partir de su vida y muerte.

Desde ese momento Eduardo se volvió el fan número uno del Obituario, mandaba mensajes, colaboraba con información sobre personas de los colectivos LGBTTTI que habían fallecido, también guardaba y atesoraba obituarios que entregaría con cierto tiempo, una vez que el dolor de los deudos hubiera pasado o también cuando el periodo de veda hubiese concluido.

La vida de Juan

Mientras la vida sexual de Juan Eduardo era abierta, plena y gozosa, su vida amorosa era para algunos un misterio. Sus amigos conocíamos de su lances, conquistas, sueños húmedos y compartíamos impresiones de sus “novios”, a la par que nos hablaba de otros temas más profundos y desde luego menos frívolos.

Era un apasionado de los comerciales vintage y compartía a diestra y siniestra anuncios y recuerdos de las épocas doradas de nuestra juventud, pues éramos generación X (de hecho su último post en facebook recupraba la publicidad de la candidatura de José Luis Cuevas como candidato independiente a diputado del primer distrito, que comprendía lo la Zona Rosa, “de la cual fue uno de sus padrinos y promotores)”.

Era un fan de todo lo soviético y comunista, un joto rojo declarado, con un sentido del humor negro y caustico que me parecía maravilloso, no tenía piedad con sus comentarios y eso lo hacía terriblemente y gozosamente especial.

Eduardo era un bibliófilo consumado, con un ojo muy agudo para localizar publicaciones de diversos temas.

Rescató algunas joyas en algunas bibliotecas, como la tesis de licenciatura de Luis González de Alba, personaje que leía con pasión en cada entrega, y con quien compartió muchos puntos de vista e incluso críticas hacia la denominada izquierda mexicana.

A lo largo de los años reunió una biblioteca que ocupa todo el tercer piso de lo que fue su hogar, y que según algunos calculos podría contener entre 5 mil y 7 mil volúmenes. Apasionado de los libros, regalaba o conseguía libros para sus amigos más cercanos y para los miembros más jóvenes de su familia extensa.

Vale destacar que la generosidad y solidaridad de Eduardo eran realmente destacables: llegó a prestar dinero y brindar aval a muchos amigos como apoyo, a riesgo de no ser correspondido, como efectivamente ocurrió algunas veces, aunque por supuesto en muchas otras se vio gratificado al ver prosperar esa semilla de solidaridad que había sembrado en sus amigos, después cómplices de vida.

Compromiso con la prevención del VIH

Eduardo creía que para mejorar la situación de los derechohabientes con VIH no bastaba con reconocerse y pasar el periodo de negación, se tenía que salir del clóset, por lo menos en el sistema de salud y en el Obituario, pues nos permitiría gozar a la larga con herramientas para medir y cuantificar el problema del VIH, muchas veces maquillado y negado por la propia población que se niega a hablar de ello y mucho menos dar la cara con respecto a los fallecimientos por VIH/SIDA.

Con base en datos duros sobre las causas de fallecimiento entre la población LGBT, Eduardo aseveraba que el problema del VIH/SIDA cobra en nuestro país mucho más vidas que los crímenes de odio.

Sentía que la forma de vida gay capitalina con su anonimato, sus apps y sus lugares de contacto, ayudaban a la proliferación de este y otros problemas de salud pública.

Entre septiembre de 2014 y octubre de 2015 Eduardo entró a trabajar como Jefe de Evaluación del Desempeño Institucional para el ISSSTE, donde su función era conducir, dirigir y consolidar las acciones de evaluación interna y externa del desempeño institucional con las expectativas del derechohabiente, con el fin de proveer información útil a la toma de decisiones para la mejora en el otorgamiento de los seguros, prestaciones y servicios, así como mediante propuestas y promoción de medidas que corrijan desviaciones en el logro de los compromisos asumidos para el cumplimento de los objetivos institucionales.

Durante esta etapa Eduardo sufrió algunas crisis de salud derivadas al estrés, lo que le llevó a someterse a algún internamiento. Por entonces pudo notar la vulnerabilidad también de su vida y de sus redes de apoyo, y si bien parecía tener un estricto control sobre su salud, no permitía que familiares y amigos tuvieran mucha información de él, pues según cuenta su familia, desde jóven fue muy hermético.

Su trabajó hablaba por él y mientras existía la posibilidad de que algún organismo internacional le llamara, aceptó su último cargo como Jefe de Programas de Diseño e Integración de Programas Estratégicos en ISSSTE de noviembre del 2015 a la fecha, Su labor fue promover la cultura de control, medición de la administración de riesgos, procurar la eficiencia operativa institucional, así como de baja tolerancia a las desviaciones institucionales mediante el seguimiento a las normas de control.

Los últimos días

Los últimos meses Juan Eduardo sentía que podía dar más, y empezaba a tener cierta frustración laboral, pero al mismo tiempo aprovechaba el tiempo que le sobraba para idear modelos estadísticos aplicables a problemas de salud como el VIH o alguno otro que apoyara el trabajo del Obituario LGBTTTI Mexicano.

Juan Eduardo no sólo llevaba la sociología a la estadística, también hacía trabajo de campo, combinando muchas veces sociología o antropología participante, en lugares de encuentro o en espacios LGBTTTI, que no eran los más, pero le permitía darse cuenta de las deficiencias en la visión del activismo con respecto a sus poblaciones.

Recientemente y tras muchos años decidió asistir a la XXXIX Marcha del Orgullo, y aunque se divirtió e incluso asistió a una reunión de amigos después de la marcha, donde pasó el resto de la tarde comentando sus impresiones.

En su opinión la marcha social y política había dado paso a un modelo distinto de organización, de corte más empresarial y turístico, además de que el gobierno de la CDMX había resultado un buen organizador del evento en miras a fomentar antes que nada una derrama económica en un periodo del año en que la actividad comercial disminuye. Tras este comentario ácido y mordaz, Juan Eduardo lanzaba la crítica una vez más hacia el activismo de generaciones adultas y jóvenes. También en esa ocasión comentó que según las previsiones poblacionales, en próximos años veremos en la marcha cada vez más adultos que jóvenes al invertirse la campana poblacional, lo que le llevó a apuntar una vez más que tenemos que comenzar a pensar en la vida LGBT más allá de la juventud, e inventar modelos de vida que abarquen cada etapa de la vida, siendo también previsores respecto de las necesidades de nuestra comunidad en años venideros.

El último año deparó una sorpresa realmente inesperada: descubrir que su padre, con quien no convivió, seguía vivo.

Durante algunas semanas pudo enterarse de los pormenores de su vida e incluso de algunos detalles sorprendentes, además de encontrar algunas semejanzas en la manera de ser de ambos, como por ejemplo el interés conpartido por los libros.

Pudo despedirse de él en vida y saldar cuentas con el pasado, así que al morir finalmente su padre, decidió hacerse presente durante la cremación, a la cual le acompañó su madre y uno de sus amigos más cercanos.

Al salir del cementerio decidió pasar la tarde en casa de su amigo, dónde se sumaron otro par de amigos para comer y tomar algunas cervezas, y para conversar un poco sobre esta experiencia que intentaba asimilar.

Coincidentemente esa tarde durante la comida el grupo se enteró del fallecimiento de Juan Gabriel, lo que condujo la discusión a otro tema que se engarzaba con su propia vivencia personal: la desaparición de toda una época del siglo XX.

En febrero de 2017 nuevamente con los mismos amigos, asistió a la exposición “Broken Time” de The General idea en el museo Jumex. Algunas de las piezas que atraían más su interés eran precisamente las relacionadas al VIH/SIDA, y antes de retirarse pidio fotografiarse frente la pieza One Year of AZT (Un Año de AZT), ideada por el grupo de artistas en 1991. Dicha obra consiste en un muro con 1,825 pastillas de AZT, que corresponden a su vez a la cantidad de unidades que una persona VIH+ debía ingerir en esa época. Mirando esa pieza, Lalo hizo un calculo rápido de la cantidad de pastillas que estimaba haber tomado a lo largo de más de veinte años, y finalmente bromeó diciendo que dado su apego al tratamiento, al menos “de complicaciones derivadas del VIH no pensaba morir”. Y efectivamente, habiendo aprendido a convivir de manera informada y responsable con “el amigo invisible” como a veces lo llamaba, tuvo una vida saludable, plena de logros profesionales y personales, que concluiría por otro tipo de incidente de salud.

El sábado 8 de junio me escribió por última vez: “En el hospital general ayer se fueron 5, espere a ver si me pasan más datos, ayer la pelona se paseó por el hospital”. El mismo sábado falleció el papá de un amigo suyo, así que se propuso asistir junto con otros amigos a acompañar al deudo durante el velarorio. Mientras se organizaban para asistir en grupo, comentó en algún mensaje que se sentía un poco indispuesto debido lo que parecía un simple malestar gastrointestinal; debido a eso y a una fuerte lluvia, optó por quedarse en su casa a descansar.

Todavía bromeando sobre sus sintomas en una conversación de Facebook y luego en una llamada, dijo a uno de sus amigos refiriendose al velorio, que esperaba “no ser el próximo”, para luego divertirse un rato hablando sobre la importancia de que entre los asistentes a una velación hubiera por lo menos alguien que supiera contar chistes verdes, pues “se está perdiendo la tradición de contar chistes verdes en los velorios”.

Dado su buen humor y a que al parecer él mismo no sintió alarma sobre su malestar, nada parecía anticipar lo que sucedería al anochecer; menos aún cuando hacia el final de la tarde se comunicó nuevamente con sus amigos para avisar que se sentía mejor y que si continuaban en la funeraria, los alcanzaría.

Cuando su madre y su tía volvieron a casa lo encontraron dormido. Se levantó a acompañarlas a cenar, pero él decía no sentir hambre e incluso alegaba indigestión por el fuerte desayuno que había tomado ese día.

Un poco después subió al baño donde finalmente vomitó sangre. Bajó a la sala dispuesto a ir al hospital, pero cuando se preparaban para salir, él mismo se percató que comenzaba a entrar en shock hipovolemico, y tuvo que ser llevado al hospital ya inconsciente. Lo estabilizaron, aunque no recobró por completo la consciencia y se mantenía adormilado. El domingo por la mañana, después de los debidos examenes, los médicos propusieron operarlo, pero poco antes de que se efectuara la cirugía sufrió un paro cardiorespiratorio y su vida se extinguío a las 12:30 del 9 de junio.

Juan Eduardo fue velado y llorado por familiares, amigos y compañeros de trabajo, la noche del domingo 9 de julio, en Jardines del Recuerdo, en Tlanepantla. A lo largo de la toda la noche su madre y su tía fueron acompañadas con mucho cariño y también con un dolor compartido, por algunos de los amigos gay para los cuales Lalo se habia convertido realmente en parte de una familia de elección, la cual sin depender de los lazos sanguineos, se basa en el afecto, la confianza y la solidaridad.

Sus restos fueron cremados y sus cenizas están en espera de su destino final. El Obituario perdió de esta manera a un importante cómplice y colaborador; Alonso Hernández perdió a un amigo y un maestro.


Texto escrito en conjunto por Alonso Hernández y Moisés Hernández. Fotografía: Moises Hernández.

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