Sergio Enrique Fernández Cárdenas (1926 -2020) ‘Perpetuar la amistad y el amor’

Sergio Enrique Fernández Cárdenas (1926 -2020) ‘Perpetuar la amistad y el amor’

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Hijo de Lupita Cárdenas, estudió en la escuela secundaria No. 13 Enrique C. Olivares. Sergio era un muchachito cuando conoció a Luis Cernuda, se sentaban a platicar en el bar del hotel Del Prado, a los pies del mural de Diego, tomaban martinis y el poeta andaluz imponía su muro inquebrantable, según escribió el escritor Sergio Téllez Pons. También le contaría a Téllez Pon sobre el gusto de Cernuda por el Cine Magerit (Variedades) y las películas western. A los 26 años se sumergió en la obra de Miguel de Cervantes, un personaje difícil para él y a la vez fascinante:

“Yo tenía mucho miedo de acercarme a Cervantes a pesar de que estaba, hacía muchos años, dando un curso monográfico sobre literatura de los Siglos de Oro, y mi miedo resultó absolutamente verídico en el sentido de que la primera lectura fue deliciosa porque estaba recargada muchísimo en la acción, en la anécdota, que es para un cierto tipo de lectores muy primarios como yo en ese momento (…) Pero la cercanía en la segunda lectura me dio la posibilidad de entender que en Cervantes la lectura es más bien vertical, no horizontal, uno debe ir hacia adentro. Y que las palabras tienen una serie de connotaciones impredecibles… y a veces hasta perderse, porque él nos está diciendo cosas fundamentales, y si uno no está sobre los diccionarios se pierde realmente, y ésa es la intención primaria del escritor (…) Por más que le busco, como ya le digo, y recorro la vida de Cervantes, pensando que en el momento de salir de Argel, que era una ciudad muy pintoresca en donde había esta venta de esclavos (en este caso españoles o franceses jóvenes y bonitos, que se le vendían al postor más adinerado), digamos que naturalmente yo en esta ciudad le pierdo la huella, porque fuera de lo que dice en ‘El capitán cautivo’, que es una de las novelas investigadas en ‘El Quijote’ (por cierto una novela 50%, diría yo, autobiográfica; la otra, pues, de una forma, digamos, de imaginación), nunca se dice claramente nada; pero de pronto resulta que, como todo Cervantes, se transforma, se bifurca, y salen muchas veredas que uno tiene que perseguir.”

Realizó sus estudios en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en donde obtuvo una maestría y un doctorado en lengua y literatura españolas, con mención magna cum laude. En dos ocasiones, fue becario del Instituto de Cultura Hispánica en 1955: para la Universidad de Salamanca y para la Universidad Complutense de Madrid. Fue alumno de José Gaos, de Edmundo O’Gorman, de Justino Fernández y de Francisco de la Maza –es muy probable que este último haya tenido una importante influencia en él-. En un primer momento Sergio se asumió como bisexual, en una época en que nombrarse bisexual era considerado algo excéntrico pero menos peligroso que ser homosexual.

Sergio, fue escritor, crítico literario, catedrático, investigador y académico mexicano. Se especializó en temas relacionados con el Siglo de Oro y con el Barroco en México, y además, especialista en Miguel de Cervantes Saavedra. Como muchos homosexuales de su época, había adquirido la enfermedad del coleccionismo, el suyo variaba desde propiedades, plástica mexicana o fotografías –películas y memorabilia- de su obsesión erótica: Montgomery Clifft, de quién había mandado hacer incluso varios cuadros y se decía “su amante”.
Desde 1955, fue catedrático de su alma máter, y llegó a ser profesor emérito. Asimismo, impartió diversos cursos y clases en El Colegio de México, en la Universidad de Colonia, en la Universidad de São Paulo, en la Universidad de Costa Rica, en la Universidad de California en San Diego, en la Universidad de Utrecht, en la Universidad de Ámsterdam, en la Universidad de Groningen, en la Universidad de Lisboa, en el Instituto Italo – Latino Americano, en la Universidad de Bolonia, en la Universidad de Cracovia, en la Universidad de Varsovia, en la Universidad de Gotemburgo, en la Universidad de Estocolmo, en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en la Universidad Central del Ecuador, en la Universidad de Guayaquil, en la Universidad de Panamá, en la Universidad de Columbia, en la Universidad de Texas en San Antonio, en la Universidad de Indiana, en el Dartmouth College y en la Universidad de Notre Dame. De todas ellas la FFy L fue siempre su favorita como él lo decía:

“La Facultad ha sido lo mejor de mi vida: en ella he encontrado a mis amigos, mis amores y amoríos, el amor a los objetos, a la cultura. Tuve grandes maestros y he formado también a grandes profesores, herederos de mi espectro lúdico, sin que por ello el aspecto académico se pierda. La Facultad es, para mí, respirar aire puro”. La Facultad de Filosofía y Letras es para Sergio Fernández ponerse su propia ropa. “La Facultad me ha formado y la formo. Nunca ha sido una obligación dar clases, sino un placer. Alguna vez, Juliana [González] me comentó que la Facultad me pertenecía más a mí que a ella, y, aunque sé que el mío es un gesto de vanidad, es cierto. Lo siento así: la Facultad me pertenece, como también yo a ella””.

En entrevista para Mujer es Mujer, Sergio Fernández hablós e su participación en el movimiento estudiantil del 68:

“Sergio Fernández reconoce que su participación política es poco conocida y que algún día escribirá esta experiencia. Comienza con el movimiento de 1968, cuando él era un joven profesor. Recuerda cómo, una tarde, conversando con Arturo Cantú, vieron los camiones del ejército e intuyó que pronto invadirían Ciudad Universitaria; recuerda su cercanía con Roberto Escudero, Gilberto Guevara y José Revueltas. Y cuenta cómo encontró asilo para Pepe Revueltas en casa de Arturo Cantú. Después, cuando Revueltas estuvo preso, Sergio le envió una máquina de escribir, la cual Revueltas nunca recibió, pero supo que la había enviado. Al pasar los días, después de que habían salido de la cárcel los perseguidos por el gobierno de Díaz Ordaz, una noche se reunieron, en la casa de Sergio Femández, José Revueltas, Roberto Escudero, Josefina Vincens y algunos otros participantes del movimiento del 68. Sergio, inquisitivo, le preguntaba a Revueltas qué había pasado: “Revueltas”, rememora Sergio, “planteó esa noche todas sus dudas alrededor del socialismo, del comunismo, del anticomunismo, de los errores del movimiento del 68, y, con lágrimas en los ojos, ansioso me dijo: «Mi reino no es de este mundo»””.

Hacia la década de los 60, Sergio embarazó a una mujer, concibiendo así a su única hija: Paula, quién fue educada por su abuela, tras una acción legal Sergio, separó a madre e hija, para más tarde enviarla a estudiar a Italia, quién estudiaba para ser cheff; mientras Sergio continuaba con su vida, tras un viaje con su amiga Lourdes Huerta, a Guerrero o Oaxaca conoció un joven indígena, de quién quedó prendado, su nombre Serafín, a pesar de que Sergio era considerado por algunas personas como alguien clasista y elitista, su corazón y su vida se transformó a partir de este joven a quien educó y refinó, hasta convertirlo en un abogado, la relación terminó después de 11 años. A Sergio le encantaban los perros, los gatos, los animales.
Fue maestro de Huberto Batis, Carmen Galindo, Anamari Gomís, Miguel Capistrán, Vicente Quirarte, entre otros. Gonzalo Valdés Medellin, no tuvo cercanía con Sergio, ya que el poeta no era bien querido por José Antonio Alcaraz quién decía que era una “loca cucurruca” –fifí-, por lealtad a “La Gorda”, Gonzalo no lo trató, pero nos deja este retrato de lo que vio y vivió a partir de la amistad que hiciera Sergio, con la madre de Gonzalo:

“Pues era un excelente maestro y un excelente escritor. Sus alumnos lo adoraban. Era muy exquisito. Un dandy. Un caballero a la vieja usanza. Muy alejado de grupúsculos y mafias literarias. Se enamoraba de sus alumnos fueran hombres o mujeres. Pero los acosaba intelectualmente, literariamente Recuerdo que Eduardo Neri Chaires llegó a adorarlo (…) Era un hombre enigmático. Incluso supersticioso. Mi mamá le leía con frecuencia las cartas (la baraja española) y le hacía limpias con ramo de pirul y huevo. Mi mamá fue a limpiarle varias veces su casa a Valle de Bravo porque decía que su hija le había hecho brujería y que además en la universidad tenía enemigos muy poderosos de los que debía protegerse (…) Pero muchas veces llegando de la UNAM o del UNO+UNO lo encontré sentado en la mesa del comedor con ni mamá que le leía las cartas igual que a Néstor López Aldeco que eran muy amigos. De hecho Néstor debe haberle presentado a mi mamá a Sergio.”
Fue amigo de José Revueltas, a quien ayudó a ocultarse durante los acontecimientos del movimiento estudiantil en México de 1968. Sergio, realizo varias investigaciones sobre la obra de Miguel de Cervantes, Sor Juana Inés de la Cruz, Calderón de la Barc, y Francisco de Quevedo, escribió varias novelas, entre ellas ‘Los peces’ (1968) –con ilustración de Rodolfo Hurtado- y ‘Los desfiguros de mi corazón’ (1986).
Gonzalo Valdés nos confiesa sobre la obra de Sergio Fernández: “ese lado esotérico de Sergio está en Los desfiguros de mi corazón y sobre todo en Los peces. Y en su Prólogo magistral al I Ching que no recuerdo ahorita si él también tradujo”. El mismo Sergio hacía defensa de su gusto por lo esotérico y su importancia en la literatura:

“… la cábala, el tarot, las ciencias ocultas, el esoterismo y la alquimia “son elementos para jugar con la vida con más pinzas, para que no se asfixie el conocimiento de la literatura y su crítica. No se puede comprender La Celestina sin saber cómo se hace un brebaje, así como no se puede entender la literatura medieval o la literatura de Gorostiza y Owen sin revisar el sentido que tienen el esoterismo y la brujería”. Alguna vez, recuerda Sergio, revisando un poema de Owen descubrió que le sonaba conocido. De pronto reconoció la similitud entre esos versos y el I Ching. De esta manera, Sergio Fernández ejemplifica cómo la literatura no se nutre del racionalismo, sino de conocimientos alternos que amplían la crítica y la creación. Así, afirma que “Sor Juana tenía amplios conocimientos de la cábala. De la misma manera, la cultura y la literatura se replantean desde un espectro más amplio que evoca todos los ángulos cuando intervienen las ciencias ocultas. Es lo mismo que sucede con la pintura: hay que conocer la intimidad, la profundidad de lo oculto, para entender al Bosco o a Goya”.”

Asimismo, entabló amistad con la escritora Rosario Castellanos, con la dramaturga Luisa Josefina Hernández, con los poetas Jaime Sabines, Luis Rius y Pita Amor, con el actor Enrique Álvarez Félix y con la pintora Frida Kahlo. Fernandez, ganó el Premio Xavier Villaurrutia en 1980 por «Segundo sueño». En 1981, Sergio fue nombrado profesor emérito de la FFyL de la UNAM. Fernández, recibió el Premio UNAM 1988, en el área de Docencia y Humanidades. Sergio, era admirador de las obras de Virginia Woolf y de Sor Juana Inés de la Cruz, motivo por el cual bautizó su casa de la Ciudad de México con el nombre de «Los Empeños», Pedro Pérez nos describe:

“Vivía por Villa Verdún en una casa hermosa, así como del bosque, que entrabas y tenías que subir un chingo de escaleras (…) el mismo la llamaba “Los Empeños” haz de cuenta que decía ¡Vámonos a Los empeños!, para ir a su casa (…) su casa era muy oscura, porque él decía que era fotofóbico, él siempre tenía lentes oscuros, sombreros y siempre tapándose del sol –como si fuera Gloria Swanson- tenía unos libros padrísimos de sus biblioteca, su libro los peces, nunca lo entendí, aunado de que era una persona muy difícil, no hubo buena relación”.
Sus novelas «Los peces» (1990), «Segundo sueño» y «Los desfiguros de mi corazón» (1992) fueron adaptadas al teatro. Sergio sabía darse a querer por sus amistades, uno de ellos le hizo un bello homenaje, según recuerda Gonzalo Valdés Medellín: Nestor adaptó y dirigió para la UNAM Los desfiguros de mi corazón con Virginia Gutiérrez y Gastón Tusset en el Foro Sor Juana de CCU principios de los 90”. Fue pintado por Luis Nishizawa y por Juan Soriano.

En 1994, fue nombrado investigador emérito por el Sistema Nacional de Investigadores. Hacia el 2000, Pedro Pérez fue contratado por el Dr. Sergio para ser su ayudante como investigador del SIN, quien al contrario de sus amigos que le conocieron como un rostro amable, Pedro vivió la otra cara, la del investigador que era capaz de chantajear y negrear a su ayudante, amenazándole con correrlo o con disminuir sus ingresos:

“En su casa tenía un estudio, que era como su biblioteca, y supuestamente yo le iba a organizar su biblioteca, a clasificársela con el sistema DUI, pero nunca terminé porque si acabamos mal, porque era una persona muy difícil, más que su ayudante académico, me agarraba de su asistente, así de llévame aquí, vamos a tomar el café con mi amiga tal, vamos al cine, conocí hasta su casa de Valle de Bravo, nunca pasó nada con él, pero si íbamos a cargar gasolina, al despachador le daba su teléfono, para ver si le llamaba, se negaba a contratar prostitutos, sentía que se rebajaba y pensaba que podía ligar todavía chacales que veía su táctica era ofrecerles trabajo en su casa, no les lanzaba la propuesta directamente, se presentaba y hablaba de su casa para ofrecerle trabajo y aprovechar la situación para llegar a más (…) Tenía una casa en Valle de Bravo, hermosísima en el mero centro de Valle de Bravo, lleno de artesanías y de fotos de Montgomery Clift, donde algún puente del 15 de septiembre me obligo a quedarme con él, me dijo “si no te quedas conmigo te despido” y yo necesitaba el trabajo (…) Me despidió porque una mañana, yo no pude recoger a su amiga Lourdes Huerta, que era su gran amiga que vivía en Acapulco. Ella llegaba a la terminal de Taxqueña, él sabía que ese día yo tenía otras cosas que hacer y me amenazo con rebajarme el sueldo, cosa que no me convenía”.
En enero del 2005, fue entrevistado por Armando Ponce, descubre un Miguel de Cervantes amante de un noble musulmán de origen veneciano:

“Lo encuentro de más que mediana estatura, muy robusto, medio rubio, muy atractivo: Quiso escapar seis veces o cinco veces, en cinco años y medio que estuvo preso en Argel, y posiblemente, yo deduzco que haya sido amante de uno de estos custodios árabes, porque qué curioso que habiendo huido con varios de estos españoles a todos los demás los empalaron durante las veces que se fugaban y él quedó completamente indemne. Lo regresaban y lo regresaban y no pasaba nada (…) Sí se le menciona, es un renegado, es un veneciano renegado que se ha vuelto musulmán. Se convirtió, porque este veneciano lo que quería era tener un amante musulmán muy rico y después se hizo rey de Argel. Y entonces fue muy famoso porque era renegado, porque provenía de Venecia –la gran enemiga de los moros y de los turcos–, y porque pues estaba como quien dice casado con un extranjero (…) Ésa es la pregunta que yo me hago y que yo no sé contestar. No sé contestar tampoco su homosexualidad… No sé contestar muchas cosas. Me intrigan, pero es imposible. Y hasta un cierto momento uno se queda realmente entre encantado y paralizado.”
En el 2007, fue homenajeado en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, mediante la presentación del libro 50 años. Fue miembro del Seminario de Cultura Mexicana y Premio Nacional de Ciencias y Artes 2007 en Lingüística y Literatura. Homenaje a Sergio Fernández, compilado por Carmen Armijo. Con su gente de la academia era distinto, era muy carismático, cariñoso, la gente lo quería, muy sonriente.

Fue a principios de la primera década que partió hacia Guanajuato, pues la altura de la ciudad de México ya no era compatible con su salud, por ello escogió una casa en la calle Pocitos, en el centro de la ciudad. Sergio fue prolífico como articulista, fue colaborador de: «Armas y Letras», «México en la Cultura», «Revista de la Facultad de Filosofía y Letras», y la «Revista Universidad de México»
Fue miembro honorario del Seminario de Cultura Mexicana. El 23 de junio del 2011, fue elegido miembro honorario de la Academia Mexicana de la Lengua, y compartió esta distinción con Carlos Fuentes, con José Emilio Pacheco y con Luis Villoro. Fernández fue autor también de libros como «La copa derramada, estudio de los sonetos amorosos de Sor Juana Inés de la Cruz»; «Ensayos sobre literatura española de los siglos XVI y XVII»; «Retratos del fuego y la ceniza»; «Los ‘sueños’ de Quevedo» y «Los signos perdidos», entre otros.
En el 2016, Sergio Fernández, recibió una afrenta de la nomenklatura cultural al ser excluido de los festejos por el 400 aniversario del nacimiento de Miguel de Cervantes Saavedra, organizados en un Coloquio Cervantino Internacional. Para ese entonces salió a la luz un nuevo hijo Rodolfo Fernández.
De allí se mudó a un departamento en un condominio ubicado en uno de los cerros de la ciudad –en la Panorámica de Guanajuato-; en los muros apreciaba –a pesar de sus ya muy avanzados problemas de la vista– los numerosos lienzos firmados por representantes de la plástica mexicana que formaban su muy selecta colección. Tiempo después y por motivos de salud tuvo que cambiarse al puerto de Veracruz, muy cerca del mar.
Sergio, viajó a Guanajuato en diciembre del 2019, para llevarse unos muebles, pero contrajo gripe y tuvo que ser hospitalizado, pues se encontraba con neumonía, ahí Sergio tomó la peor decisión que pudiera tomar, operarse de cálculos, no resistió la operación y falleció en el Hospital de Guanajuato, a los noventa y tres años.

Debido a que su hija Paula, quien vive en Roma, Italia, es su única sobreviviente, hubo problemas para reclamar legalmente el cadáver, pero según la maestra Eugenia Revueltas, discípula de Fernández en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el escritor será velado en la funeraria El Cubilete, siendo embalsamado, para despúes ser incinerado.

La vida y la personalidad de Sergio Fernández, fue compleja y de muchos matices, por un lado generoso y por el otro un tirano, que nos demuestra que las personas no somos dioses ni mitos. Una de las aportaciones de Sergio Fernández, fue su idea de amistad: “La amistad es una forma de invención y de creación: uno construye un amor, lo inventa, lo crea y lo cultiva. Por eso a la amistad y al amor hay que perpetuarlos: porque son construcciones, creaciones de uno mismo. Sería desastroso destruir la invención de uno mismo. La amistad hay que perpetuarla. Toda amistad es un riesgo, un peligro”.

Agradezco a Gonzalo Valdés Medellín y a Pedro Pérez la información

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