‘Cruising Morelia’, los abismos del deseo: Tercer Premio Nacional de Narrativa y...

‘Cruising Morelia’, los abismos del deseo: Tercer Premio Nacional de Narrativa y Poesía LGBTTTI

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Erick Moya (Cortesía)

 

“Te espero en algún lugar

con la sustancia entre las piernas

y con la liga amarrada al brazo”

Erik Moya, Cruising Morelia

El reciente ganador del Tercer Premio Nacional de Narrativa y Poesía LGBTTTI, Erik Moya, nos ofrece una obra que transgrede, no porque eche mano del escándalo, no porque tenga una estética camp, ni por ser contestataria, sino por el contraste que hay entre lo sórdido y la precisión de las imágenes poéticas, la mayoría de las veces usadas para iluminar a través de la ternura, desde luego con esto no quiero decir que Cruising Morelia sea una obra cursi, todo lo contrario, creo que tiene el valor para bajar la guardia, en un mundo que percibe hostil, para así darle paso a la poesía, casi como una herida: “es imposible ver dentro de la neblina / el infierno / aquí hombres contra hombres / sacando chispas / para alcanzar la luz”.

Por otra parte Moya universaliza su poesía y su ciudad, lo cual es interesante porque por lo general se piensa y se escribe sobre homosexualidad en el contexto de las grandes ciudades, como si el salto de una ciudad pequeña a una ciudad grande fuera una transición obligada en la literatura gay, y en la identidad gay, pero Moya no sólo niega esto, sino que lo desafía y pone a su ciudad no sólo como escenario de su obra, sino a la altura de las grandes ciudades y la gran literatura, sin avisar Moya echa rienda suelta a la maquinaria de los sueños (húmedos) y su lucha contra la pesadilla urbana, para acercarse a Allen Ginsberg siendo él mismo, Erik Moya: “de mi pecho salía Moloch para asomarse y luego esconderse / de pronto ya no era yo / sólo mi cuerpo maquinaria / saltando coches y camiones y patrullas / un lobo citadino al que nadie teme”. Desde luego el culteranismo es parte de la estética de su obra poético, pero es inevitable la referencia cuando de recorrer la ciudad se trata.

Otro elemento interesante del poemario del michoacano es el formato, ya que juega con las falsas etimologías y diccionarios para crear una atmósfera redonda donde lo fantástico y lo real conviven, ya que el poemario recoge elementos basados en la vida real, en la dura vida real, en notas periodísticas, como en experiencias, el retrato que se logra a través del poemario llega a sentirse como una confesión, un reclamo, un canto, un testimonio público de lo privado: “¿qué se siente ser asfixiado por las cuatro paredes de la combi / encerrado en la cárcel pública que te transporta todos los días / sentado a lado de bestias prendidas en llamas que te arrancan los brazos y los ojos y la boca?”.

Erik Moya (Cortesía)

Podría decirse mucho sobre la concepción del espacio público a lo largo de estas páginas, de la extraña  sensación de sentirse intruso en las calles que todos caminan y la oscuridad que nos cubre a todos, pero que nos pertenece especialmente como homosexuales, todo esto  Moya lo soluciona con imágenes claras, imágenes que establecen una dicotomía entre deseo y resignación: “su voz era como la de un perro: / pude vender el alma pero regalé el cuerpo”.

Finalmente la obra de Moya cuenta con un poema de mediano aliento que utiliza a Sergio Loo como epígrafe, y nos hace pensar en obras como «Sus brazos labios en mi cuerpo rodando», sin que esto sea lo determinante del texto, pues Moya aprovecha sus recursos para contar una historia, más no para calcar la poética del autor de «Narvarte Pesadilla», es importante mencionarlo porque nuestro autor es consciente de su tradición literaria y no deja nada al azar, al contrario, toda palabra está medida y pesada.

En estas páginas se recuerda, se re/vive, se re/siente, todo lo que una vez fue sexo, ciudad, deseo y carne, y que ahora pasa de la búsqueda del placer a la búsqueda donde: “debí colgar antes de que péndulos mis piernas / y brazos / sostuvieran la mochila donde: / un espejo / un autorretrato / una libreta / un lapicero / saliéramos a buscarte”. Esta última parte del poemario es quizá la más personal, pero es necesario llegar a ella sólo después de atravesar el resto del libro, en estos versos divididos en trece partes, augurio incierto, el autor asume una pérdida, pero también su nueva identidad; “Juluis / hay enfermedades que absorben mi cuerpo / a veces finjo la sonrisa y los labios y la boca”, ¿qué es aquello que no se nombra?, ¿qué enfermedad padece quien nos habla?, “y ahí me dieron el diagnóstico: / tener el corazón en el lugar equivocado y masturbación”, sobran las palabras ahí donde nace la poesía y por eso la obra de Erik Moya es grande.

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Diego Medina, (Violencia Parra), Poeta y activista LGBTTTIQ. Ha sido publicado en antologías como Poesía Trans No Binarie, de Puntos Suspensivos Ediciones, MORFO, de Editorial Criptomórfica, su poemario Prometeo, ganó el segundo lugar del IX Concurso Internacional de Poesía Caminos de la Libertad. Actualmente coordina el Eslam Cuir de Poesía, el cual fundó junto a Editorial Vesonautas. También es maestro pokémon nivel 33 y un amante de la cultura pop y el nesquik de fresa. Actualmente coordinador editorial de Circo Literario, fundador de la Editorial Versonautas, columnista en la revista digital Letras de Reserva, colaborador en la revista digital Hombre 21, recientemente ha participado en la antología MORFO de la editorial Criptomórfica, también está próximo a publicar su primer poemario.