Gracias infinitas: Fuerza México

Gracias infinitas: Fuerza México

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No encuentro palabras que definan la tormenta de emociones que provocó en mí el sismo del 19 de septiembre pasado. Las imágenes que vi en un primer momento, la esperanza que significa un puño levantado, la emoción de haber visto a una persona entre los escombros, la tragedia de encontrar un cuerpo sin vida y la inexplicable alegría de que por tus manos pase una camilla con alguien vivo. No había experimentado, y espero no volver a hacerlo, tantas emociones en un tiempo tan compacto.

Se me nubla la vista por el acuoso efecto de las lágrimas, al recordar que todo eso, esas emociones respondieron a la acción genuinamente solidaria del pueblo mexicano, de una generación de jóvenes que considerábamos perdida, entre el polvo, los escombros, gritos desesperados, silencios profundísimos, tapabocas, obscuridad, miles de manos, puños que  se levantaban, sudor, lágrimas, dolor, alegría, horas que se desvanecían y segundos que se eternizaban, todo eso me hizo sentirme por primera vez en mi vida, orgulloso de ser mexicano; supe que ahí existe un pueblo. A pesar de que sí surgieron egos de quienes estúpidamente creían sus esfuerzos y sus frentes de batalla los únicos válidos, a pesar de que el Gobierno quiso apoderarse del Estado.

Existimos como un pueblo maravilloso al que tenemos la fortuna de pertenecer, que se sobrepuso al terror, la desesperanza, al dolor y a las lágrimas, utilizando como herramienta principal esos actos de profundísimo y genuino amor que significan arriesgar la vida por alguien que no conoces, que nunca has visto y que seguramente no verás de nuevo jamás.

El sismo no daño a mis seres queridos, ni lo material que me rodea, sin embargo me siento obligado a agradecer esas miles de manos, esos incansables músculos que removían escombros, que sustentaban cadenas por las que circulaban baldes con varillas, vidrios y cemento, para luego volver vacías y seguir trabajando.

Gracias a quienes donaron cualquier cosa, gracias a quienes nos obligaron a comer mientras trabajábamos, gracias a quienes prepararon esa comida, a quienes también participaron en centros de acopio. Aunque el trabajo no es igual de dramático que el rescate de personas es igual de importante y heroico. Mi más grande reconocimiento a todas esas brigadas de jóvenes que a pesar de vivir en una ciudad devastada, partieron a destinos ignotos y sin certeza de saber cómo regresarían a casa. Gracias a ese gigante colectivo que se llama pueblo mexicano.

Me sé amparado ante la tragedia, ya no temo al incierto destino que hace unos días me aterró, pues me sé acompañado, tengo la certeza de que siempre habrá alguien dispuesto a ayudarme, que si la poderosa naturaleza dispone de mí, habrá manos que busquen en ella para arrancarme de su toque mortal. No estamos ni volveremos a estar solos, pues no somos simples individuos, no somos ciudadanos de cualquier lugar somos el pueblo mexicano

Hermanas, hermanos que perdieron lo material, reciban un solidario abrazo, ustedes seguramente también tiene la certeza de no estar solos. Este país no caerá jamás, les aseguro que no los olvidaremos tras la emergencia, ustedes son nuestra fuerza, el pilar que sustenta nuestra esperanza.

A todas y a todos, Gracias, muchas gracias, gracias infinitas. #FuerzaMéxico

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