Homofobia: Breves apuntes sobre uno de los males de nuestra época

Homofobia: Breves apuntes sobre uno de los males de nuestra época

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Decía mi madre “El que primero lo huele, debajo lo tiene” cuando alguien hacía aspavientos cuando alguna persona se tiraba un pedo.

Parecería ser que la frase aplicaría cada vez que alguien ataca la homosexualidad desde sus prejuicios y los muchos lugares comunes que se difunden por todos lados, a manera de chiste, de opinión, de insulto o incluso como “cita bibliográfica”.

La homofobia no es nueva, lleva años estando ahí, aunque el concepto lo es relativamente. Se define como la “aversión hacia la homosexualidad o personas homosexuales” y  se trata de un miedo irracional y sin fundamentos que no responde más que a prejuicios y que se manifiesta en general a través de reacciones de odio, agresión, negación o burla.

No necesitamos pertenecer a ningún club terrorífico ni ser expertos en el asunto para ejercerla:

¿Nos burlamos del jotito, de la lencha o de la “vestida? Eso es homofobia, ¿señalamos el afeminamiento de algún hombre o lo hombruna de una mujer? Eso es homofobia, ¿Tratamos de excluir a las personas homosexuales de nuestras conversaciones o actividades? Es homofobia, ¿Evitamos hablar con alguno(a) de ellos(as)? Es homofobia, ¿Tratamos de denigrar a alguien a través de bromas sobre su orientación sexual (sea cierto o no)? Es homofobia, y ni hablar de cuando pensamos que los homosexuales deben desaparecer, morir o que son un mal social, eso, ¡por supuesto que es homofobia!

Como todos los tipos de discriminación (por etnia, estatura, peso, manera de hablar, situación social o económica, apariencia, nacionalidad, género, etc.), la homofobia es una práctica aprendida y tiene sus orígenes en la sociedad misma, que tiende –cada vez más- a formar élites privilegiadas, que no están dispuestas a compartir sus privilegios con nadie que no cumpla con determinados requisitos, así que se inventan –a conveniencia- definiciones de “normalidad.

Sobre lo que es “normal”, cada quién tiene sus ideas, el problema surge cuando consideran algo “anormal”: en muchos casos lo ignoran o evaden, pero en otros lo cuestionan o atacan con furia, afirmando que sólo es “normal” lo que les parece que está “bien”.

En este punto, la primera frase de este texto comienza a tener sentido: ¿Por qué necesitamos probar que estamos “bien” a partir de “demostrar” que lo otro está “mal”?

En teoría, si yo sé que estoy en lo correcto y estoy bien seguro de ello, no tendría por qué estarlo pregonando mediante la descalificación de los demás, a menos que realmente no esté tan seguro…

Cada vez más personas –no muy estudiadas, por cierto- se han dedicado a escudriñar sus diferentes libros sagrados en busca de argumentos para atacar la homosexualidad, y eso…. ¿Cómo para qué?

Por supuesto, pese a que sólo han encontrado unas cuantas líneas que mencionan el tema, han construido una serie de “demostraciones”, carentes de toda cientificidad, pero suficientes para hacer gran escándalo y encima de lo rebuscado del asunto, argumentar que no son homofóbicos porque “aman” a los homosexuales. ¿Cómo vas a amar algo a lo que te has pasado la vida atacando y combatiendo?

No. Amar parcialmente a alguien, no es amarla.

La única manera de combatir la homofobia es la aceptación plena: la discriminación, a nadie beneficia (fuera de alimentar los egos de una serie de personas que la fomentan) y por el contrario, hace mucho, mucho daño.

La homofobia mata, porque, entre otras muchas cosas, es una semilla de odio que una vez enraizada, será difícil detener.

Esperemos que algún día las ideas cambien y pueda haber un profundo respeto basado en la aceptación de todos hacia todos, pero mientras tanto, si no va a aceptar, ¡por lo menos respete!

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