Nacho Toscano (1952-2020) Construir puentes entre los artistas y el público

Nacho Toscano (1952-2020) Construir puentes entre los artistas y el público

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Ignacio Antonio Toscano Jarquín (México DF 13 de junio de 1952-Ciudad de México 7 de enero del 2020)

Nacho provenía de una familia originaria de Oaxaca, había educado su oído en su casa, amén de haber escuchado la orquesta estatal los domingos en el zócalo de esa bella ciudad, tal vez por ello hizo de Oaxaca, su segunda patria.

Un segundo momento importante en la vida de este melómano consumado fue durante su estancia en la Prepa 9, era finales de los años 60, cuando Eduardo Mata conducía la Orquesta Sinfónica de la Universidad, durante la rectoría de Javier Barrios Sierra, comenzó a asistir a los conciertos de la orquesta, Eduardo Mata había ganado para la música a uno de sus más fervientes seguidores y provocó una influencia benéfica para la cultura mexicana.

Nacho Toscano, así conocido en el ambiente cultural mexicano, estudió arquitectura en la UNAM, antropología en la ENAH y música en la Escuela Nacional de Música, jamás tuvo título universitario alguno.

En 1976, a partir de una conversación con la maestra Elsa Collera, comenzó a trabajar en el departamento de actividades culturales de la UAM como chalán, hizo méritos hasta que se desempeñó como Jefe del Departamento de Actividades Culturales en la UAM , Nacho estuvo al frente de la Coordinación de Extensión Universitaria, apoyado siempre por “La Gorda de Alcaraz”, Nacho fue artífice para que se publicara el libro de José Antonio: “Hablar de Música”(UAM, 1983).

Fue en la Universidad Autónoma Metropolitana donde Ignacio Toscano comenzó a hacer historia: fundó el Cuarteto Da Capo, con Mario Lavista creó la revista Pauta, única en el mundo por su conjunción de literatura y el gozo de la música. Con Eduardo Mata creó la orquesta Solistas de México.

Nacho, se forjó dentro de los círculos de Víctor Sandoval y Víctor Flores Olea, por lo pudo sobrevivir a vientos y vendavales e incluso encontrarse en cierta sintonía con Rafael Tovar y de Teresa así como Sarí Bermudez. En 1982 el ingeniero Carlos Chavárri le invita a integrarse al equipo del supervisor artístico de la ópera, a instancia de este personaje que resultaría ser el mismo Eduardo Mata.

En 1986, Werner Schroeter, regresó para montar en el Palacio de Bellas Artes, Salomé de Strauss por iniciativa de Nacho Toscano, como la musa del creador alemán: Magdalena Montezuma, había muerto de cáncer dos años atrás, Nacho decidió rendirles un homenaje por lo que al concluir el ensayo general de Salomé; actores, músicos, staff y prensa incluida abordaron varios camiones hasta el mítico bar gay Spártacus, ubicado en ciudad Neza. Ahí bailaron, bebieron y cuando la fiesta estaba en lo mejor de su momento ya avanzada la noche, Ignacio subió a la cabina para entregarle al programador un casset con las arias de Salomé, toda una provocación para el lugar.

La música inundó el lugar bajo el asombro de hombres, mujeres, quimeras, soldados, carniceros que vieron a la soprano María Luisa Taméz salir al escenario del Spartacus a cantar, mientras Schroeter actuó como el mismísimo Jochanaan.

Toscano Jarquín se desempeñó como subdirector de Ópera del Instituto Nacional de Bellas Artes en 1984, más tarde fue designado director de esta área. Gracias a Nacho Toscano, los grandes directores de escena cambiaron para siempre la ópera en México: en primer lugar, Juan Ibáñez, quien hizo equipo con Eduardo Mata en un montaje de Don Giovanni, de Mozart, acontecimiento considerado como el parteaguas de la ópera en México. Nacho disfrutó mucho trabajar para la Ópera, disfrutaba los ensayos, platicar y ver de cerca el trabajo desde los tramoyistas, vestuaristas, maquillistas, y desde luego músicos y cantantes.

Ludwik Margules, Juan José Gurrola, Luis de Tavira, José Antonio Alcaraz, entre otros grandes, recibieron abucheos en Bellas Artes, opacados por los gritos de entusiasmo del público joven. Así comenzó la revolución de Nacho Toscano. Con Eduardo Mata, Ignacio Toscano trazó un buen tramo de la excelencia musical que hoy goza México.

En 1988 fue nombrado director de Teatro y Danza del INBA, a pesar de ser buen administrador y una persona generosa con actores, bailarines y directores, no era considerado como un hombre de teatro.

A pesar de contar con la amistad de José Antonio Alcaraz, quien le apodaba “Nacho Putoscano”, Ignacio no se atrevía a salir del clóset, su homosexualidad era bien sabida por los círculos de la intelectualidad mexicana, aunque precisamente su cercanía al poder, le impedía mostrarse “en público” con las personas que amaba, a pesar de ello hubo momentos en los que encontró espacios para lograr que la magia se hiciera presente, como lo narra Sergio Tellez Pons:

“Nacho era un melómano, como es sabido. Una vez me dijo su música era lo que cabía entre Bach y Los Tigres del Norte.
Un domingo me llevó al Zócalo porque había un concierto en vivo. La cantante era, ni más ni menos, que Cesária Évora, a quien yo, enquencle, no conocía. Pero supongo que a él le gustaba y por eso fuimos, pero no se conformó con eso sino que, como conocía a medio mundo, nos fuimos a meter tras bambalinas y saludamos a la mismísima Diva Descalza. A él le debo, pues, esta afición por la gran cantante de Cabo Verde.

Luego, nos fuimos a comer a Las Sirenas y vimos la tarde nublada desde allá arriba acaramelados con un flan de elote.
“Cambio todas las cosas bonitas porque me repitas, te quiero, te quiero…””.

Nacho conservaba tres tesoros, que valdría la pena que fueran rescatados: la batuta que empuñó el Mtro. Eduardo Mata en su último concierto, antes de su accidente aéreo; una lámpara que perteneció al cronista Salvador Novo, quién llegó a sus manos heredada del gran escenógrafo: Antonio López Mancera y un juego de llaves dentro de una bolsa turquesa que este personaje le entregará bajo las siguientes palabras: “eres el único que puede entender, lo que esto significa”.

Creó el Festival Cultural del Noroeste, como la primera estrategia en el país, de combate a la violencia generada por el narcotráfico, a través de la expansión de la cultura.

Durante mes y medio, durante varios años, llevó a toda la fuente periodística cultural y a los mejores artistas y creadores a todos los rincones del estado de Sinaloa, hasta los lugares más apartados, como la sierra de Badiraguato, viajando en camionetas combis que atravesaban ríos no profundos, caminos lodosos y curvas en las crestas de las montañas. El lema era: la cultura vence a la violencia.

Además, formó parte en diferentes etapas del INBAL, como Subdirector General de Bellas Artes además de dirigir la Compañía Nacional de Danza y, posteriormente, fue nombrado Director General del Instituto. Es importante señalar que Nacho, fue un promotor cultural y un gestor que sobrevivió al cambio partidista logrando mantenerse durante el panismo.

Por aquellas fechas, Nacho Toscano tenía como uno de sus brazos a la antigua activista del grupo Lambda de Liberación Homosexual, Claudia Hinojosa, fue ella quien llamó a la asambleísta Enoé Uranga para una de las batallas más importantes por los derechos de las personas homosexuales en esta ciudad y también del país: La Ley de Sociedades de Convivencia.

Enoé nos narra lo siguiente:
“…La propuesta legislativa era local, pero la demanda era Nacional y queríamos enviar un mensaje de ciudadanía y DDHH que sacudiera a la cultura, a la sociedad y la política nacional.
El lugar «natural» por ello era el Hemiciclo a Juárez (que usamos en los posteriores actos del 14 de febrero, antes de tomarnos el Zócalo).

Pero el primer acto requería de mayor cuidado, las resistencias eran mayúsculas, la presión, las amenazas… el ambiente general era de «no se van a atrever a hacerlo».

Y como sí nos íbamos a atrever… nuestra determinación estaba rodeada de muchas dudas incluida la de si nos irían a reprimir, o si la ultraderecha se haría presente (como amenazó todos los días desde que convocamos al acto) a intentar frenar con violencia los registros.

Debe recordarse que era el momento «de la nada» respecto al tema y teníamos amenazas del fundamentalismo, al conservador de López Obrador gobernando la ciudad y al mocho de Fox en la presidencia.

No había referentes (salvo en Canadá) en América de algo así. Incluso, no sabíamos de qué dimensión sería la respuesta LGBTTTI, cuántas parejas se registrarían… nada. No había posibilidad de hacer ningún cálculo de nada.

¡Y por ello había que ir por todo! La convicción fue entonces: ¡que sea en terreno federal!

Fue Claudia Hinojosa la que me llamó aparte y me propuso hablar en secreto con Ignacio Toscano (Director General del INBA en ese momento) para pactar con él.

«El simbolismo del Palacio alcanza para lo que queremos, tendremos el marco más bello para un acto de amor histórico…» concluimos. Desde luego en lo formal Toscano no podía dar el permiso pero ACORDAMOS con él:

¡No vamos a pedir permiso, porque no nos lo van a dar!
Así que «sin permiso» se preparó todo, incluida la secreta posibilidad de que -en caso de represión o violencia- el Palacio de Bellas Artes fuera «el santuario» de protección de las parejas y demás asistentes al acto.

El grupo de activistas encargados de la seguridad, el equipo de la diputación y el primer círculo de activistas que participaban en la organización directa lo sabían:

Teníamos el apoyo de Nacho Toscano para efectuar ese evento y el Palacio sería nuestro santuario en caso necesario.

El acto fue un triunfo nacional, miles se hicieron presentes, nos faltaron formatos de registro para las parejas, la primera vez en nuestra historia de tener todas las primeras planas de los diarios y noticieros en general con un tema de DDHH y demanda de justicia!

Así que cuando logramos (6 años después) la aprobación de esa Ley y publicación del Decreto -ante el desconcierto de algunos activistas- en el evento oficial uno de nuestros invitados especiales fue Nacho Toscano que se sentó al frente, al lado de Claudia Hinojosa, que estaba inmediatamente a la izquierda de la que esto escribe.

Hoy, ante su lamentable muerte, es la hora de honrar a Toscano, dando por concluido ese «secreto» que varias y varios supimos guardar mientras fue funcionario.”

En Oaxaca impulsó numerosos proyectos culturales, entre los que destacan Instrumenta creado con la Fundación Alfredo Harp Helú para impulsar la educación artística musical en intercambio con los más reconocidos músicos a nivel internacional.

Lo suyo era lo subversivo: en Bellas Artes, mostró desnudos con las mejores cantantes, jóvenes y hermosas, de México. Trajo al cineasta Werner Schroeter para dirigir Salomé, de Strauss. Llevó a Oaxaca a la Banda de Bodas y Funerales del músico balcánico Goran Bregovic a tocar con una banda mixe.

En el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes coordinó el Programa Año 2000 del Siglo XX al Tercer Milenio, entre otras labores sobresalientes.” Nunca tuvo título, trabajó como ingeniero que construía puentes entre los artistas y el público”, así quería ser recordado, según le había confesado al periodista Miguel

Ángel Flores Vilchis. Nacho, siempre deseo presidir CONACULTA, nunca lo dejaron, hubiera dado mucho pues era un funcionario bien intencionado y muy generoso.

Después de dirigir magistralmente la organización civil “Instrumenta” fue invitado para ser el Secretario de Cultura del Estado de Oaxaca, por parte del gobernador Alejandro Murat Hinojosa, cargo que desempeñó hasta su muerte. No todo fue miel sobre hojuelas, hacia agosto del 2018, Nacho enfrentó una oposición artística significativa en Oaxaca, que incluso pedía su destitución, la cual nunca llegó.

Ignacio se encontraba internado en el Instituto Nacional de Nutrición desde hacía un mes, donde había sido intervenido del páncreas. Nacho llevaba mes y medio de haber sido diagnosticado con cáncer de páncreas. El director teatral y dramaturgo Claudio Valdés Kuri le acompañó durante todo el proceso de hospitalización

Nacho Toscano, no deseaba ser velado, solicitando como ultimo deseo que se realizara una fiesta donde se escuchará la música que el disfrutaba, desde la ópera hasta la música tropical. Sus restos serán cremados.

Agradezco a Gonzalo Valdés Medellín.

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