Por nuestro derecho a la ira ‘Ni perdón, ni olvido’

Por nuestro derecho a la ira ‘Ni perdón, ni olvido’

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Recordar es volver a vivir, reza el adagio, por eso en las marchas y mítines del 2 de octubre la consigna es “Ni perdón, ni olvido”, pues lo que impera es la certeza de la impunidad, y ahí es donde germina y florece nuestro derecho a la ira.

Contrario a lo que declara Andrés Manuel López Obrador, desde la presidencia de México, la rebelión y la acción directa son tan legítimas no como la sed de justicia, que sabemos nunca llegará, sino como legítima es la ira, por el contrario pedirle a los siempre madreados, a los siempre aporreados, a los que se pasan la vida en los pasillos de los ministerios públicos, sólo para recibir impunidad o darse cuenta que sin mordidas su caso no avanza, (así es la rabia policíaca), o peor aún los que buscan a los que nadie encuentra, ya sea madres rotas en las morgues o descubriendo narcofosas por sus propias pesquisas, periodistas a los que el plomo les toca la puerta, estudiantes asesinados y torturados como a los que Omar García Harfuch, actual jefe de la policía de la CDMX, ejecutó desde su puesto como jefe de la policía federal en Guerrero. Toda esa ira no tiene la obligación de apegarse a los valores cristianos del presidente, a lo que sí tiene derecho es a romper cristales, destruir monumentos, mentarle la patria a todos aquellos que se suponía trabajan para ellos y los traicionaron.

Por otra parte apelar al pacifismo, no sólo es un privilegio, (al que por cierto pocos en México pueden darse el lujo), sino que es una herramienta de dominación, una forma de disfrazar la #Obediencia al estado, México no es, nunca fue, el lugar donde el índigena pastorcito llega a presidente, por su esfuerzo, y mérito propio, esa caricatura de superación personal que tan tontamente dibuja AMLO en la figura de Benito Juárez es sólo eso, una caricatura de mexicano bueno: “pobre pero honrado”, es decir obediente, ni hablar de su mame por Francisco I. Madero, un burgués que luchó para quitar a Porfirio Díaz del poder, no para implementar un plan revolucionario profundo. En fin ¿qué se puede esperar de las aspiraciones burguesas una vez que llegan al poder? traición, la socialdemocracia suele traicionar a las bases populares.

El triunfo de morena supuso para muchos la culminación de una lucha de décadas e incluso siglos, por eso el mismo AMLO llamó a su gobierno con bombo y platillo «LA CUARTA TRANSFORMACIÓN», pero una revolución que no se declara abiertamente a favor del derecho de la mujer a decidir sobre su propio cuerpo, del matrimonio igualitario y la despenalización de las drogas blandas, en pleno siglo XXI, y que por el contrario tiene entre sus filas a villanos nacionales como Bartlett, Alfonso Romo y fachos declarados como Lily Téllez y Esteban Moctezuma, bueno, simplemente no puede ser la revolución que ize la bandera que los fúricos habíamos esperado.

Por el contrario los activistas ambientales siguen muriendo, la tasa de feminicidios incrementa, al igual que los crímenes de odio, cosa que no importa si no eres revoltoso, mujer o puto, razón por la cual AMLO no tiene empacho en decir que a su gobierno le está yendo “requetebien”, que los únicos molestos son, fíjese usted, #LOSCONSERVADORES, pobre México, entre el FRENAAA y la 4T.

Ambos fervorosos cristianos, mientras el amado líder compara su política pública con el centro del evangelio (caridad, virtud teológica, combatir a la pobreza), los otros, los fachos declarados, arman un plantón en el zócalo, en el que hay grupos de rezadoras, agua bendita y consignas “pro vida”. Es infantil preguntarse siquiera por qué AMLO habla de la Biblia y el Papa en un mensaje de cadena nacional, siendo que él admira a Benito Juárez, quien instruyó la separación entre iglesia y estado, no hay lugar, ni respuesta, para dicha pregunta, el propio AMLO lo ha dicho “no crean que yo vengo aquí con ideas bien analizadas”, desde luego aplica para el resto de su plan de gobierno.

Lo legítimo en romper vidrios

Pero dejemos de lado al gobierno de AMLO, que como toda mierda sirve de abono, en este caso a la ira. Hablemos de lo “legítimo” de romper vidrios, quemar comisarías, hacer pintas y en general de la acción directa.

En los años sesenta en Estados Unidos hubo una problemática racial de posguerra muy fuerte, la cual inspiraría grandes obras como “Matar a un ruiseñor” o a boxeadores como Mohamed Alí, pero sobre todo a personas que se atrevieron a decirle «NO» al sistema y sus leyes, entre esas personas estuvo Rosa Parks y Martin Luther King, líderes pacifistas de la lucha negra, pero también estuvo Malcolm X, un negro musulmán de New York, quien dio un paso más allá y dijo “a su libre mercado, nuestra libre violencia”, y aunque Luther King y Malcom X se veían con recelo, al final entablaron una amistad, bajo el entendido de que buscaban lo mismo. A Malcom X lo matan primero y a King lo matan cuando empieza a luchar por una igualdad económica entre blancos y negros. Ni hablar de las Panteras Negras y su toma armada del Capitolio de California en 1967.

En realidad los ejemplos sobran, hoy podemos hablar del Stonewall Inn y de una mujer trans lanzado bombas molotov, de la traición de las fuerzas armadas en Chile y un pueblo desarmado por el propio Allende, incapaz de defender su revolución pacífica, de la República Española, de la Comuna de París, de las marchas contra los feminicidios y la toma de Cuba #60, siempre hubo gente de corbata pidiendo utilizar las vías legales, hasta que alguien aventó una piedra o una molocha contra la policía y la gente por fin empezó a hacer caso, sólo después de la detonación, siempre hay quien cree en el mundo libre y su democracia burguesa, hasta que son los rojos y las brigadas internacionales de ultras los únicos en apoyar a la República Española contra el fascismo, siempre hay mujeres buenas, pacifistas, obedientes, hasta que las locas salen a quemarlo todo, para que no se olvide a ninguna.

Para el poder es conveniente hacer de los muertos héroes, porque así no pueden cuestionar el poder, basta con una estela, una estatua o un mural, para así enterrarlos por completo, en cambio en la estética de la destrucción el caído en lucha, el desaparecido por la policía, el abatido por la historia, está vivo, en cada piedra que se lanza, en cada cristal roto, la acción directa es un monumento vivo por la memoria, algo que no enterramos por completo, que nos negamos a folclorizar, como lo hace el poder. Ese es nuestro derecho a la ira, el mismo que tenemos a la memoria.

Cuando decimos “Ni perdón, ni olvido”, no es sólo una consigna, cuando se marcha el 2 de octubre, no es sólo un acto reflejo, cuando las colectivas feministas salen a la calle no es sólo capricho, cuando lxs maricxs salen al carnaval no es sólo exhibicionismo, hay mucho de justicia, memoria y sobre todo autorrespeto, para dejar en claro que los caídos no han sido derrotados, que la lucha continúa, es pues un pacto de inconformidad con el poder, sea del partido que sea.

Mientras haya impunidad, mientras haya infiltrados de la ultra derecha en los partidos progres, mientras haya un esfuerzo por hacernos olvidar, o peor aún, perdonar, nuestro derecho a la ira tiene toda licencia para combatir puño a puño al poder, porque señor presidente, al fascismo no se le discute, se le combate, y si hay alguien fascistoide hoy en México, es usted y su gobierno, señor presidente, quizá algunos piensen, que me estoy olvidando de FRENAAA, pero FRENAAA no es fascistoide, es fascista abiertamente, lo lamentable es que su escala de valores se parezca tanto a las del presidente.

Ahora desde el poder se nos habla de “la verdadera izquierda”, con el mismo cinismo con que los gobiernos pasados hablaron de “verdades históricas”, cifras oficiales de víctimas y daños colaterales, pues en el fondo lo que quiere AMLO no es aglutinar a los diferentes movimientos sociales y sus reivindicaciones, los cuales han sido auténticos motores de la vida pública del país, sino desmovilizar a cualquier organización, activista o movimiento que represente un peligro para su programa de gobierno, basado no en reivindicaciones obreras y de clase, sino, como él mismo dijo, en el “centro del evangelio”, el cual consiste en ayudar a los pobres, es decir en la caridad y no en la justicia.

Hay veces que la justicia llega demasiado tarde, la mayoría de las veces a decir verdad, por eso no basta hacer pactos, jugar al diputado o al senador, no basta prender una vela en nuestra ofrenda del día de muertos, no basta la terapia, ni las vías legales, hay veces que uno se cansa de pedir las cosas por las buenas y no hay dios, diablo ni gobierno que nos pueda exigir actuar obedientes a la ley, a la propiedad privada, cachorros dóciles, mientras los de siempre nos siguen quebrando la espalda, hay veces que la ira es lo único que ilumina la oscuridad, no hablo de la esperanza, sino de la memoria.

Desde luego tampoco se trata de vivir enojado con la vida, sino de autorrespeto, enojarnos, romper vidrios, escupirle a un policía, rebelarnos, es un síntoma de autorrespeto, de negarse esclavo, de rechazar a los que se creen nuestros dueños, nuestros gobernantes, hay veces en que la paz no es un camino y lo único digno es soltar puñetazos, quizá AMLO diga que es mejor poner la otra mejilla, como él, que perdonó a Calderón por el fraude del 2006, que uno debería estar acostumbrado a aguantar vara, total “nacimos en la galaxia donde le tunden dura a la piñata”, pero no, no es sano, ni digno resistir hasta que nos revienten, de eso se trata la ira, de dignidad, autorrespeto y memoria viva.

Por nuestro derecho a la ira “Ni perdón, ni olvido”.

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