Ficción del Premio Mayor

Ficción del Premio Mayor

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– Felijidadej madrejita, ujsté je lo ganó. A nombre del pueblo de Méjico le venimoj a informar que ujté ej la ganadora del premio mayor, del avión prejidenjial. Que no lo tiene ni Obama, ¡ni Trun! – Risas de los reporteros y achichincles.

– Ay, muchas gracias, señor presidente. Ahora sí que como quien dice. Es para mí un grato orgullo y harto honor. Ante todo, con mucho respeto. Por lo que usted simboliza para este país. Verdad, y como es muy difícil la situación en estos momentos pues vamos a aprovechar este avión para toda la colonia y vamos a ayudar a las gentes, a los que más lo necesitan. Con el permiso de Dios nuestro señor y la Virgen de Guadalupe que nos concedieron este milagro y pues como dicen en mi pueblo, “El que no arriesga un real, no gana un peso”.

-¡A la bio, a la bao! ¡A la bim bom ba! ¡Doña Nati! ¡Doña Nati! ¡Ra! ¡Ra! ¡Ra! – Se escucharon las improvisadas porras de señoras y chamaquitos, unos con cubrebocas, otros descalzos, se pasean ante las cámaras de los reporteros que enfocan la casita de Doña Natalia Reyes Nicolás, mujer de antes, quien se encargaba de remendar ropa en el porche de su tejabán, en una de las colonias más polvorientas y arenosas de Nuevo Laredo, donde vivía junto a su esposo Don Eulalio, agobiado por la diabetes y su hijo menor, Eulalito, en silla de ruedas desde que recibió una bala en la columna durante un tiroteo. Los tres habían pasado por situaciones difíciles, pero eso cambió en cuanto se marchó, el presidente, pues todos supieron que eran los nuevos ricos de la colonia ¡Y la ciudad!

Así que su primera mañana como dueña de 130 millones de dólares, la destinó a mirarse en los reportajes de la tele y videos de «YuTu» que le mandaban sus vecinas. Hizo de almorzar huevo con chorizo, café y hasta hizo tortillas de harina. Apenas se había sentado para comer con su esposo e hijo, cuando llegó Chinta, una de las chamacas precoces de su barrio, quien se acercó a la mosquitera para poder mirar dentro del tejaban.

– Oiga, Doña Nati, dice mi amá Panchita que si va a usar el avión pa’ ir pa’ México, que si le da chance a ella también a ir, nomás que le avise porque ella también quería pedirle algo al presidente, ya ve que mi tío Lupe ‘ta desaparecido.
– ¡Ay Mija! Tu abuelita ya sabe que sí. Dile que nomás le encargo los 150 pesos de la tanda que me debe y yo le aviso cuando vamos ir pa’l De Efe.
Chinta, fue y vino en menos de 20 minutos. Pulseras, chanclas y los berridos de su bebé en brazos, eran la música que la anunciaban. Esta vez regresaba con un billete de 200 pesos en la mano, como si fuera un machete.

– Oiga, Doña Nati, dice mi amá Panchita que aquí están los 150 pesos de la tanda que le debía. ¿Nomás que si tiene 50 de feria?

Para la noche, la vecina de Doña Nati, Dominga Concepción, quien no la había querido molestar, se apersonó nomás para decirle.

– ¡Qué bárbara, Doña Nati! Hasta parece estación de ‘polecía’, suene y suene, todo el día el teléfono. Yo tengo un sobrino que es licenciado, por si quiere que le echen una mano.

Al día siguiente, desde antes que pasaran los camiones, ya había una fila de buenas gentes esperando a hablar con Doña Nati.

Dominga, se encargó desde temprano con premeditación, alevosía y ventaja, de ordenar la fila y atender a medios de comunicación y para el mediodía ya era conocida en redes como «Lady Dominconcha».

– ¡Apúntenle bien, pendejos!- Les respondió a los primeros reporteros que se acercaron a preguntar su nombre, cuando ya la fila daba vuelta a la cuadra.

– ¡Soy Dominga Concepción Molina Contreras! ¡Apúntale pendejo!

Cuando puntual despertó Natalia, no hizo sino aceptar sobrecogida, lo dispuesto por Dominconcha, que ya llevaba más de 200 personas apuntadas en su lista de espera. Lo mismo hizo Doña Nati, con sumo detalle en cada petición de sus vecinos y desconocidos, sin cobrar más que a quienes le debían y aceptando, siempre sin mostrar interés, todo lo que le obsequiaban previamente o tras hacerle peticiones, aunque finalmente éstas fueran denegadas.

Un día después, el sobrino de Dominconcha hizo acto de aparición. Se trataba de un joven de apenas 22 años, recién graduado de derecho. Su nombre, Kevin Valeriano Fierro Contreras, mejor conocido por sus cuates como el “Licenciado KFC”.

Juntos, la Dominconcha y el Licenciado KFC, extendieron los rumores de ayuda a otras colonias y zonas alejadas de la Ciudad, al grado que algunos políticos, queriendo aprovechar el momento, proveyeron, toldos, sillas, comida y “voluntarios” para atender las filas interminables de personas que se acercaban a pedir el apoyo de Doña Nati.

Todo lo anterior, pese a que la entrega del avión había sido simbólica, algo que Doña Nati ni sus vecinos, entendieron por la emoción y tampoco cuestionaron. Así que para cuando la noticia llegó a la oficina de la presidencia, antes que cortarle el viaje a aquél gentío de Nuevo Laredo, la decisión fue aprovechar la movilización y llevar a la Ciudad de México a todo el pueblo bueno que cupiera en la lujosa aeronave. El 5 de octubre les esperaban en el Palacio Nacional.

Y aunque la lista, ya con arribismos y metidas de mano llegó a sumar a casi cinco mil gentes, finalmente, sólo 80 viajarían.

Por fin vamos a dejar Guatemala. – Dijo Doña Nati a los reporteros justo antes de abordar rumbo a la capital. Palabras que se entendieron como un símil de la situación en la que sobrevivía.
-¿Cómo escogió a las personas que viajarán con usted hoy? – Preguntó una de las periodistas.
-No pues, ahora sí que como quien dice, invitamos a los que más tiempo se la han partido aquí y confío en que Dios me dio puntería pa’ poner a los que más lo necesitan. – Le respondió Doña Natalia, se cubrió con el chal cual si fuera manto protector y se dirigió a la escalera del avión, para abordar junto a su escolta, Dominconcha y el Licenciado KFC, que parecían del Estado Mayor, cargándole la bolsa, acomodándole el cubrebocas y manteniendo a raya a los metiches de última hora. De pronto, Dominconcha les cortó la rueda de prensa.
¡No más preguntas, cabrones! .
¡Doña Nati! ¡Doña Nati! ¡Ra, ra, ra! – La vitorearon sus elegidos que esperaban en una fila aparte.

Pero esa madrugada, debido al mal tiempo en el centro del país, la salida de la aeronave rumbo a la frontera, se había retrasado, por lo que se apresuró el ascenso de los invitados, pues era imprescindible que Doña Nati, estuviera a tiempo para la conferencia de esa mañana con el presidente. Tal fue el desorden por las prisas, que hasta hubo polizones porque no se cotejó la lista de abordaje. Algunos se acomodaron de a dos en los amplios asientos y unos cuantos hallaron lugar en los baños. La mayoría viajó sin cubrebocas. A las sobrecargos les valió gorro, cuando vieron a los pasajeros arremolinarse para subir apurados por varios militares.

Ya en la capital, no habrían llegado a tiempo, de no ser por los oficiales de tránsito que les abrieron paso por las calles.
En el Palacio, a toda la bola la pasaron a uno de los jardines y a Doña Nati la sentaron en la sala de prensa, frente a los reporteros, ante las cámaras, en medio del Canciller y el sub-secretario de Salud, justo atrás acomodaron a Don Eulalio, más respuesto y a Eulalito, estrenando silla de ruedas, también a Dominconcha y al Licenciado KFC, los responsables de que el vuelo propagandístico no programado, se transformara en una “quinceañera de Ruby” pero con protocolo.

De pronto, en el podio, el presidente comenzó a hablar.
-Ejte avión mal habido, que je compró con el dinero de loj mejicanoj… Bla, bla, bla… Todo eje lujo… Bla, bla, bla… Ejte ejfuerzo ej para devolverle al pueblo lo robado… Bla, bla, bla… Hajemoj justijia jojial… Bla, bla, bla…Loj corruptoj lo iban a aprovechar… Bla, bla, bla… Aunque no lej gujte a la derecha neoliberal…Bla, bla, bla… Loj cachitoj je vendieron como pan caliente…. Bla, bla,bla… La juerte determinó que loj millonej vayan a laj manoj de Doña Natalia Reyej Nicoláj… Bla, bla, bla… Una mujer mejicana ejemplar…Bla, bla…
No había terminado el presidente su discurso, cuando los periodistas notaron sorprendidos que Doña Nati se tapaba la cara y aunque en silencio, visiblemente negaba, algo de lo que decía el gobernante. Así que al captar la atención de todo el recinto, hasta el apalabramiento se detuvo y de cabecita blanca a cabecita blanca le preguntó.
-¿Qué le paja Doña Natalia? ¿Ejtá todo bien?
-¡Ay es que! ¿Cómo les explico? – Respondió la doña casi entre dientes y agitando las manos, mientras Don Eulalio y Eulalito pelaban los ojos y Dominconcha y el KFC, no terminaban de cachar lo que estaba ocurriendo.
-¡Que pase al micrófono! – Gritó algún periodista.
Y aunque la censura del poder presidencial estaba a la mano, lo que Doña Natalia podía decir fue subestimado.
-Pos es que la mera verdad, yo les tengo que decir que no soy mujer mexicana, soy mujer guatemalteca, y pos mi esposo y m’ijo también son de allá. Y pos casi todos los que veníamos en el avión también de por allá y otros países. Muchos llegamos hace años pa’ cruzar al otro lado, pero nos retacharon y ahí nos quedamos para seguir intentando, nomás que ahora sí está bien difícil, pero ojalá que este dinero y usté’ señor presidente, nos eche la mano para poder cruzar a Estados Unidos.

FIN.

Comentarios
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mm
Un día que no tenía mucho qué hacer inventé Ulisex!Mgzn y el resto es historia. 10 años después, debo el desarrollo de este proyecto a mi familia y amigos, quienes conocen mi pasión por el periodismo. Soy comunicólogo y máster en análisis político y de medios de información. Me he desarrollado profesionalmente entre el diseño gráfico, el periodismo y el análisis de contenido. Mi propósito es contribuir a crear una sociedad mejor informada e incidir en un cambio a favor de la inclusión y la igualdad a través de mi trabajo como editor de Ulisex!Mgzn. Siempre estoy abierto a nuevas ideas y a conocer la opinión e intereses de los lectores.