
Después de su trabajo, un chavorruco llega a un puesto de vegetales.
-¡Buenas! Seño’.
-Buenas, mijo.
– Oiga, ¿Tiene motivación fresca?
-Sí, aquí la tengo protegida para que no me la maguyen los marchantes.
-Deme un tres kilos, porfa. Voy a ocupar mucha motivación esta semana.
-A ver, mijito, ahí te va.
La Seño’, le pasa una bolsa grande de papel, el mijo la agarra, le paga, se agradecen mutuamente y él se va a su casa. Pero al llegar…
– Necesito sacar todo y apenas un licuado de motivación en las ma… ¡¡¿Qué?!!! ¡¿Qué es esto?! Estas no son motivaciones, son un montón de peros, objeciones y obstáculos, podridos. ¡Pinche vieja culera! No le vuelvo a comprar. FIN.
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