Cómo coger sin culpa, siguiendo las enseñanzas de Jesús

Cómo coger sin culpa, siguiendo las enseñanzas de Jesús

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Los derechos sexuales son Derechos Humanos y entre ellos se incluye el placer; la Declaración aprobada por la Asociación Mundial de Sexología, en Hong Kong en 1999 dice que “el placer sexual, incluyendo el autoerotismo, es fuente de bienestar físico, psicológico, intelectual y espiritual». Para los creyentes occidentales, mayoritariamente cristianos es inevitable preguntarse ¿Cómo vivir el placer sexual desde una ética cristiana? ¿Eso es posible? Bueno, vamos a penetrar por partes:

Una opción para vivir el placer sexual desde una ética cristiana es tomando como punto cardinal el “mandamiento nuevo” de Jesús: «Amarnos unos a otros» (Por cierto, nuevo y único mandato dado por Él; todas las demás órdenes y prohibiciones forman parte de los preceptos del Antiguo Testamento cuyo destinatario era el pueblo judío)

El Mandamiento Nuevo de Jesús, citado en los evangelios dice: “Un mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros así como yo los he amado, para que el mundo crea». (¿Cómo chingados van a creer en nosotros si nos hacemos la guerra y se la hacemos al resto del mundo?) Otro encargo de Jesús tiene que ver con el proselitismo: «Vayan y prediquen a todas las naciones, háganlos discípulos» y en religión, como en muchos otros aspectos de la vida, nada educa, atrae, ni jala de forma tan poderosa como el ejemplo. Los cristianos han de ir por la vida predicando con el ejemplo; esto es viviendo el amor incondicional de Dios en la imagen más cercana que tienen de él: su prójimo (y su prójima también). ¿Cómo extrapolamos esta lógica de vivir predicando el amor a la parte que tiene que ver con el ejercicio de la sexualidad humana?

Para el cristiano, en tanto ser humano, sexuado y sexual, la máxima del amor al prójimo en la medida en que se ama a sí mismo tiene que traducirse en acciones u omisiones que de acuerdo a cada circunstancia expresen ese amor: Nos enseñaron a calificar nuestra conducta en base a los «Diez Mandamientos» una serie de mandatos y prohibiciones en base a las cuales los cristianos han hecho por siglos un examen de conciencia al estilo de un «checklist» -«No he robado; no he jurado el nombre de Dios en vano; tengo 8 años y no he deseado la mujer de mi prójimo; tengo 25 y soy gay pero la verdad tampoco se me antoja el hombre de mi prójimo…» pero eso no habla de verdaderas valoraciones sobre lo que está bien o mal, sino simplemente del cumplimiento de una ley.

Normar nuestra conducta sexual en base al Mandamiento del Amor tiene un alcance mayor; es no hacer a otro el daño que no me haría a mi mismo, o que incluso, siendo capaz de hacérmelo a mi, por amor no se lo haría a él/ella.

Por tanto, quien ama verdaderamente en el marco de una ética cristiana (o jesusina, si prefieres) no va a privilegiar su placer a costa de la felicidad o la integridad física-emocional de otro.

A estas alturas, si eres creyente y parte de la «elegebetiza» dirás: “Bueno ¿Puedo coger sí o no?”

De eso hablo: el seguidor de la ética cristiana al ejercer su sexualidad no hará nada que le procure placer si esto causa daño a otro/a (el bondage es otra cosa, pues hay pleno conocimiento y consentimiento de las partes). Quien ama al prójimo no va a extorsionar a alguien para obtener un favor sexual; quien ama no va a transmitir deliberadamente y ocultando información una ITS; quien ama no acosa sexualmente desde una posición de poder; quien ama no violará a otra persona; quien ama no se aprovechará de un amigo alcoholizado o intoxicado (no importa lo sexy que se vea él o ella con su blusa/camisa medio desabotonada); quien ama como Jesús, el Cristo nos mandató no va a abusar sexualmente de menores. Otra vez: Quien ama como Jesús nos mandató, no va a abusar sexualmente de menores, por ejemplo.

Cualquier práctica sexual que incluya vulnerar la voluntad o la integridad física, emocional o espiritual de alguien es incorrecta a la luz de este dictado. Fuera de eso, el ejercicio de la sexualidad en un ambiente sano, entre personas adultas sin importar su número, género o preferencia, es algo del ámbito privado, íntimo en donde no deben tener injerencia normativa el Estado ni las iglesias.

Sí, sí puedes “coger”.

¿Mencioné que según estudios de la Universidad de Utah, publicados en la revista Social Neuroscience, las experiencias religiosas (o místicas) intensas activan una zona del cerebro conocida como núcleo accumbens; el mismo que reacciona al placer obtenido de, por ejemplo, el sexo?

¿Mencioné que hasta algunas iglesias “incluyentes-LGBTTTI” se resbalan en este punto promoviendo las “buenas costumbres sexuales” y condenando a los miembros que dan “mal testimonio”? ¿Estarán conscientes de que un gay, casado, con pareja estable y fiel, a los homófobos les resulta igual de asqueroso que el asiduo visitante de lugares de encuentros?

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