Las mentiras, pecados y culpas de la Iglesia Católica

Las mentiras, pecados y culpas de la Iglesia Católica

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Cuando Jesús habitó entre nosotros como ser humano, salió de la oscuridad del pecado y pagó por cada una de las personas, creyentes o no creyentes, opresores u oprimidos, y nos hizo una sola persona: una sola hija, una sola imagen que se libera y genera bondad entre unas y otros, sin definir una expresión de género, sin hablar de modelos de familia, en justicia social y amor hermanable.

La Iglesia Católica, al igual que otras iglesias fundamentalistas en el mundo, ha olvidado su ministerio de salvación, fe y esperanza, generando odio, rechazo, condenación y muerte a lo largo de su historia plagada de malas decisiones y violencia que no corresponden al camino de salvación.

En el año 2000 el vocero del Vaticano, el Obispo Marini, presenta el documento “Mea Culpa”, en un acto de fe y reconocimiento de errores, mismos que sirven para crecer y fortalecer la teología cristiana, con la esperanza de reforzar la justicia social y encontrar entre esas cicatrices un pasado que les libere y les permita crecer como creyentes e hijas e hijos de Dios.

El Papa Juan Pablo II aceptó que la Iglesia fue culpable en Las Cruzadas, la Santa Inquisición, el comercio de esclavos, la conversión forzada a los indígenas particularmente en América, y termina con el reconocimiento de que Galileo tenía razón y, en este documento, “Mea Culpa” del Vaticano, la Iglesia hace público el perdón por sus grandes pecados históricos. “Mea Culpa” pide perdón por la intolerancia y la violencia contra los disidentes, las excomuniones, persecuciones y divisiones en el seno del cristianismo; también pide perdón por el desprecio hacia los judíos, los pecados contra el amor, la paz, los derechos de los pueblos, los cometidos con las mujeres, los pobres o los marginados.

El cuerpo de la Iglesia está lleno de parches, cicatrices y prótesis de una teología poco entendible, muy basada en prejuicios, mitos y costumbres. Este documento se queda muy corto al estar tan acumulado entre lo divino y lo humano, y deja de lado grandes culpas como el dolor causado a miles de menores de edad en todo el mundo al haber sido abusados sexualmente y haber dado muerte a su fe, sus creencias y lo divino de una relación que debería de ser de crecimiento.

Dejan de lado la omisión en los campamentos nazis, la fe del pueblo africano quien hace caso a “más vale el SIDA que el uso del condón”, lo que causa miles de muertes en personas creyentes y ha dejado vacíos pueblos enteros y hogares sin padres.
 
Le siguen los pecados contra el cuerpo de Cristo, es decir, las excomuniones, persecuciones y divisiones que se han operado en el seno del cristianismo. También figuran los pecados cometidos en el ámbito de las relaciones con Israel (desprecio, actos de hostilidad, silencios), así como los pecados contra el amor, la paz, los derechos de los pueblos, el respeto a las culturas y a otras religiones, en concomitancia con la evangelización. A la lista se añaden los pecados contra la dignidad humana y la unidad del género humano: hacia las mujeres, las razas, las etnias. Y, finalmente, los pecados cometidos en el terreno de los derechos fundamentales de las personas y contra la justicia social que afectan a los pobres, a los no nacidos, a las injusticias económicas y sociales y a la marginación.

Llevando su mensaje equivocado de justicia y respeto a los derechos naturales, mismos que nos corresponden a todas las personas por igual, pretenden impedir el reconocimiento de las familias homoparentales: familias que siempre han existido, algunas en el anonimato, y otras con el apoyo de sus familias quienes evitan la violencia que la doble moral ha generado en nuestra sociedad.

Pretenden igualmente desaparecer libros de texto que hablan de sexualidad, violentando así el derecho a la información que tienen los menores, llevándolos a buscar otras fuentes poco confiables sobre temas de sexualidad; esto podría incrementar la tasa de personas con enfermedades de transmisión sexual como el VIH, y los embarazos no planificados. El deseo y la sexualidad están presentes desde el momento de nuestro nacimiento hasta nuestra muerte: es algo natural, y por ello deberíamos tener información científica a nuestro alcance que nos permitiese gozar de manera segura nuestra sexualidad.

Vestidos de blanco, como si ese fuera el color de la pureza y de la ética y moral cristiana, se manifiestan nacionalmente y gritan un ¡Ya basta!, pretendiendo que se les nieguen sus derechos humanos a millones de personas. Incitan al odio, a la represión, y dejan que salga a relucir su ignorancia, su intolerancia y su falta de respeto a todas las personas que formamos parte de este universo que se llama diversidad.

¿Hasta cuando seguirá infiltrándose toda esa ignorancia a nuestros Congresos Estatales? Mismos quienes no hacen bien su trabajo para no ofender a grupos conservadores, que desafortunadamente conservan el poder económico en nuestro país.

Mi nombre es Antonio Nevárez, homosexual cristiano y estudiante de teología, quien reconoce que las iglesias, la falta de valores universales y respeto a la humanidad, el pretender hacer a Dios humano e impregnarlo de nuestros prejuicios, está alejando a las personas de un encuentro con un Dios lleno de generosidad y paz. Se me cae la cara de vergüenza al ver la alegría con la que marchan y enseñan al mundo su odio, su violencia y su poca dignidad como hijas e hijos de Dios, arrancando las buenas nuevas de las manos de Jesús y clavando en una cruz de culpa y condenación a miles de personas que vivimos la ignorancia, la violencia y sus miedos a la sexualidad.

“Mea culpa” es una farsa. Piden perdón sin reconocer las muertes, el dolor, su ignorancia y la falta de amor cristiano que acompañó este documento que se ha quedado muy corto a todo lo que han generado en escasos 2016 años.

Creo que en lugar de atacarlos, deberíamos ir y tomar fotos de caras para exponerlos: exponer ese fanatismo que debería llenarles de vergüenza. Vestirnos de blanco y arrojar sangre sobre ese color que han pisoteado, dejando las huellas del dolor y del calvario de miles de poblaciones que han padecido la brutalidad y la ignorancia en temas de justicia social. Quien oprime es un opresor; quien libera es un liberador. ¡Libera! ¡Sé hija e hijo de Dios! Que no se quede en el camino tu dignidad como persona al condenar, así como le pasó a Galileo o a Miguel Ángel, así como les pasó a los esclavizados que han sido liberados. Sin embargo, en nuestro Estado del Progreso tener piel morena sigue siendo tan condenable  como ser pobre, migrante o indígena.

Confío en que la humanidad debe avanzar, en que la opresión generada a los sistemas de salud, educación y derechos humanos se vean liberados, y realmente vivamos en un país laico, sin la influencia de las iglesias, dejando la libertad de cultos, de creer en lo que uno quiera sin estorbar el derecho de un tercero.

¡Tomen sus caras! Mostremos al mundo la ignorancia y la intolerancia de una Iglesia que se está cayendo a pedazos al tratar de conservar el poder político. Mostremos sus rostros opresores con vergüenza, con esperanza de que dejen de ser borregos y realmente abran una biblia y encuentren respuestas a las atrocidades que les han enseñado.

Mea culpa quedarme callado cuando he sido tratado con injusticia.

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