Tenemos que hablar de Mauricio Clark… Sí, ¡sí tenemos!

Tenemos que hablar de Mauricio Clark… Sí, ¡sí tenemos!

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Se considera que es mejor no compartir o comentar las noticias de personajes que promueven la homofobia en sus  intervenciones en Medios.

 

La historia de Mauricio Clark debe ser complicada, al grado de tener que recurrir a su homosexualidad y a sus adicciones para crear una narrativa escabrosa, asociando el arrepentimiento de tener sexo con hombres con el hecho de ser adicto a varias sustancias.

Este cuento de terror termina con Mauricio Clark encontrando a Yisus, quien en su fantasía, es igual de homófobo que él y le dice que para entrar al Reino de los Cielos tiene que dejar el perico y el garrote, a lo que ex reportero de Televisa, accede «curando» así su homosexualidad y librándose de las llamas del fuego eterno.

Obviando las ironías del anterior resumen, lo que en el fondo promociona, Mauricio Clark, son las terapias de conversión mediante el culto cristiano y sus conferencias superacionales. Todo esto mediante un vil discurso de odio.

Ciclo perverso

Los años que Mauricio Clark estuvo en la pantalla de la tele gracias al noticiero de Carlos Loret de Mola en el Canal 2 de Televisa, fueron suficientes para hacer de Mauricio, un personaje conocido en todo México. Por lo que los hechos en torno a su persona pueden ser entendidos como noticiosos.

Ahora bien, sus mensajes llegan a una gran parte del público en México gracias a los medios de comunicación tradicionales, principalmente las televisoras, Televisa, TVAzteca e Imagen, en sus segmentos de espectáculos.

De ahí las noticias sobre Mauricio Clark, el arrepentido que se «curó» de ser gay llegan a los periódicos, revistas de espectáculos y demás medios digitales, donde finalmente la noticia se multiplica y muere, no sin antes haber sembrado su mensaje de odio.

¿Para qué sirve el discurso de odio?

Por si no lo saben, usar un discurso en contra de un grupo vulnerable es una vieja táctica, política  y religiosa para atraer personas con resentimientos sociales hacia una causa, que para el triste caso de Mauricio Clark, parece ser de  simples aspiraciones económicas, pero de hondos efectos secundarios, pues sus mensajes, tienen por intención  alimentar el prejuicio a la sexualidad mediante criterios discriminatorios que atentan inclusive contra la dignidad de las personas LGBT, pues para Mauricio Clark, sus problemas de adicción o intentos de suicidio, provienen de su orientación sexual.

Es ahí donde Mauricio está teniendo éxito, pues como él, hay cientos de miles de niños, jóvenes y adultos, educados con prejuicios similares de forma involuntaria, que están rodeados de ignorancia sobre la sexualidad y la identidad de género. Nadie es responsable de los prejuicios con que fue educado, a menos que los ponga en práctica y Mauricio lo está ejecutando casi sin oposición.

Tenemos que hablar de Mauricio Clark

Muchos son los personajes que han aprendido a vivir de los escándalos y Mauricio Clark es uno más, la diferencia es que sus escándalos implican la difusión de un mensaje de odio: «Ser homosexual es pecado».

El prejuicio religioso siembra la duda, más tarde la culpabilidad y la búsqueda de solución, arrepentimiento y salvación que implica una módica cantidad en alguna parte del proceso, por lo general, entre las últimas dos.

Ante este repetitivo sainete mediático, la recomendación de varios grupos LGBT ha sido no abonar a la difusión de estas noticias, pues sí, en principio, se difunde el mensaje de odio.

Sin embargo, al callar, se permite que el otro segmento, que además es diez veces mayor, haga prevalecer el conjunto de ideas que conforman su discurso contra las personas homosexuales, escudándose en su Libertad de Expresión y Religiosa, las cuales, efectivamente son reconocidas, pero que mal utilizadas terminan por afectar las libertades de otros.

Evidencias

La perspectiva homófoba de Mauricio Clark puede ganar más seguidores ya que las personas con opiniones intermedias o con menos argumentos o con dudas al respecto de la sexualidad, no encuentran elementos para cuestionar o derribar sus prejuicios. Entonces, al encontrarse en un contexto sin argumentos que les ayuden a posicionarse estando mejor informados, se dejan llevar por la opinión mayoritaria. A esto también se le conoce como espiral del silencio.

Las noticias en diversos medios de comunicación nos dan una idea de cuán insignificante ha sido el posicionamiento de los argumentos en contra de las terapias de conversión, tan aberrantes y rechazadas por el activismo LGBT.

De las noticias de diferentes medios, sobre Mauricio Clark encontradas a través de un buscador como Google, más del 70 por ciento se tratan sobre la «sanación» de su homosexualidad gracias a la religión y menos del cinco por ciento abordan las consecuencias, que la difusión de estas ideas, ha tenido ante instancias como Conapred, organismo encargado precisamente de proteger el principio constitucional de no discriminación.

Esta proporción en el contenido informativo al respecto de la homosexualidad de Mauricio Clark debe alarmarnos. Una persona en búsqueda de información, difícilmente va a encontrarse de parte de los medios más reconocidos, un posicionamiento en contra en alguna de esas notas. A lo mucho que llegan la mayoría es usar la palabra, cura ,entre comillas al abordar el tema de las terapias de conversión en el caso Clark.

Consecuencias

La ambigüedad mediática que beneficia más a quienes difunden los prejuicios, encuentra el mejor terreno gracias al silencio de una parte de quienes defienden los derechos de las personas LGBT.

Existen conceptos e ideas universales que todos los medios de comunicación respetables comparten, como el hecho de que la Tierra es redonda o que el abuso sexual es un crimen. Sin embargo, en cuanto a la orientación sexual y la identidad de género, para el caso de los medios mexicanos, éstos parecen no tener claro, cuál es la importancia de posicionarse o dar por hecho estos principios.

Quizás, responder a cada comentario absurdo y homofóbico relacionado con este tema, no ayude en los hechos a contrarrestar el mensaje de odio, sino, más bien a aumentar la polarización y puede que hasta caldear los ánimos. En este escenario tenemos que reconocer que la Perspectiva de Género (¡aguas! que no es lo mismo Perspectiva de Género que la jalada de «ideología de género») no puede imponerse a la ciudadanía. Sin embargo, sí existe el marco legal y las instituciones que pueden hacer ver a los Medios mexicanos, que están en un error y que abonan a la discriminación cuando sin una postura clara, no cuestionan o  no consideran como agravios contra los Derechos Humanos, los mensajes de odio del discurso de Mauricio Clark.

Esto no es acerca de censura, sino de llenar el vacío informativo, que facilita asumir a muchas personas, que el discurso de Clark es correcto, que no afecta los Derechos Humanos de miles y que las terapias de conversión son una opción a seguir.

 

 

 

 

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