Descubrir al VIH en Mi cuerpo

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Cuando supe que tenía VIH fue inevitable pensar antes que cualquier otra cosa “ándale, por puta” y sonreír.

Esa frase me recuerda a todas las veces que le he hecho bullying a mis amigxs ante cualquier problema para romper la tensión e irónicamente en mi caso también sirvió. Digo “puta” con familiaridad porque dentro del catálogo social en el que hemos crecido, lo redefiniría como alguien que tiene el control y la responsabilidad de sus decisiones sin preocuparse por lo que piensen los demás: a unas las encuentran a medio faje con el otro, a otras les rompen el corazón (o lo que sea que tengan) cada fin de semana y a mí me infectaron.

Nadie nos obligó, nadie nos puso una pistola en la cabeza y por lo tanto debemos responsabilizarnos por nuestras acciones. Tampoco es que me acostara con medio mundo, tengo 23 años una vida sexual tan normal como la de la mayoría de las personas; crecí rodeado de información para no pasar por esta particular situación y evitando situaciones de riesgo. Aun así paso y de nada sirve tirarme al suelo con las manos en la cabeza preguntándole al cielo mil veces “¿Por qué a mí?”.

Afortunadamente conozco varias personas portadoras que tienen vidas inclusive más plenas que las de muchos que no lo son y sé que puedo seguir en la fiesta hasta un poco después de las diez. En fin, cosas buenas les pasan a la gente buena (inserte un poco de cinismo aquí).

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