Predicando la exclusión

Predicando la exclusión

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Pero ¿Qué carajos significa «inclusivo» en lo referente al cristianismo?
De entrada podemos deducir que algo o alguien inclusivo es porque no excluye. En lo referente al mundo de iglesias y comunidades religiosas latinoamericanas que se identifican como «cristianas» suele entenderse como «inclusivo» a aquel ministerio que recibe a las personas lesbianas, gays, bisexuales, transexuales, transgénero, travestis e intersexuales, sin embargo ello no basta para dar por sentado que estos liderazgos incluyen verdaderamente a las personas pues aún siendo «gay friendly» sucumben, pierden la batalla ante por lo menos, dos tentaciones:
1. La de excluir a las personas basándose para ello en las creencias y prácticas religiosas, en la tradición o «escuela» de la que provengan los infortunados gays y lesbianas que caigan en sus territorios, asi, si llegan tres mormones, un adventista, un metodista y dos católicos pero el líder fue formado en el pentecostalismo inicia de inmediato -en muchos, muchísimos casos- una batalla para convertir a los pobres desgraciados que, cómica la cosa, son aceptados a pesar de aceptar y defender con orgullo su identidad sexogenérica u orientación sexual, pero condenados en tanto su creencia en que las revelaciones de Dios continúan después de los tiempos bíblicos (mormones, adventistas), en la negación de la trinidad (Testigos de Jehová), en la real presencia de Jesucristo en la Eucaristía (católicos). Ojo, puede Usted invertir el orden de las denominaciones que menciono en este ejemplo, da igual, la tentación de sentirse poseedor de la verdad, ataca a todos.
Lo anterior no tendría nada de criticable de no ser porque muchos de esos ministerios «inclusivos» y «gay friendly» se autoproclaman, además «ecuménicos»; puede haber un ministerio católico-lgbttti, pentecostal-lgbttti, adventista-lgbttti y aceptar en su seno únicamente a personas que comparten la misma fe, pero es inconcebible y desafortunado ponerse la etiqueta del ecumenismo mal interpretándolo como una especie de conversión de todos a la misma religión cuando ser ecuménico significa todo lo contrario: ser capaces de convivir todos, en santa paz, en presencia del Dios en quien dicen creer, poniendo el acento en lo que los une, respetando la fe y la forma de creer y sentir del otro, sin tratar de convertirlo a nuestra particular forma de creer… y salir de regreso a su casa, cada quien, conservando su religiosidad intacta.
2. La segunda tentación es predicar la exclusión. Mal interpretando a Lutero y el tema de la salvación por gracia, muchos liderazgos predican un individualismo criminal, que atenta contra los lazos de hermandad y contra los valores de la solidaridad humana y el amor cristiano. La incapacidad de muchos de estos ministerios latinoamericanos «inclusivos» para entender que lideran comunidades de fe, conformadas por excluidos de la sociedad que son, a querer o no, hermanos de dolor de millones de excluidos en la región por otros factores: color de piel, raza, religión (cómo sucede en Chiapas), personas que viven con VIH y son víctimas de tráfico de medicamentos y de indolentes políticas públicas criminales y sin embargo no sólo no apoyan a luchas y movimientos liberadores ignorando el sentido real y práctico, no espiritual ni metafórico de la orden dada a Moisés, según la Biblia:
«Libera -emancipa, independiza, material y políticamente- a mi pueblo» sino que, en muchos casos apoyan a partidos políticos y movimientos de la derecha reaccionaria que apoyan estas políticas públicas de opresión, exclusión y discriminación, como los partidos PAN y PES (Encuentro Social, homófobo, misógino y anti estado laico) en México.Cuando se encuentran estas graves incongruencias, entonces sí que encontramos, lamentablemente, estorbos a la construcción de movimientos cristianos liberadores, que caminen junto a las personas excluidas en Latinoamérica.
Pero, no todo el panorama es desolador, en Latinoamérica encontramos a varios cristianos que entienden, en su sentido más amplio el significado y la importancia de una acción cristiana integradora, que vaya más allá de incluir a personas LGBTTTI y llegue más lejos al integrar a todo aquel que, simplemente quiera poner en práctica, junto a otros, el mandamiento nuevo de Jesús, el carpintero de Nazaret: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”: En Colombia Jhon Miranda, de Afirmación Colombia; David Kalke, Arzobispo Primado de la Iglesia Católica Ecuménica; Manuel Sonora, sacerdote anglicano de Guadalajara, México y Jonathan Pérez de Kinship México (adventistas) han apostado por la inclusión y la denuncia del fanatismo y fundamentalismo, mientras otros como Julián Cruzalta, teólogo y asesor de Católicas por el Derecho a Decidir; Alejandro Solalinde, Raúl Vera, obispo católico romano de Saltillo y otros, aunque no son liderazgos “inclusivos” son personas comprometidas con la doctrina social cristiana, la lucha por los Derechos Humanos y la no exclusión de nadie de las comunidades de fe.
La inclusión dentro del seno de comunidades cristianas es, en mi modesta opinión: No exclusión hasta donde más nos sea posible y hasta donde el amor al prójimo se imponga por encima de nuestras propias filias y fobias derivadas de nuestra formación (¿o deformación?) religiosa.
dan santos
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