Descargas eléctricas: El terror de las terapias de conversión

Descargas eléctricas: El terror de las terapias de conversión

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Cuando conocí al ‘psilocolo‘ Javier Cabada, profesionista en Cd. Juárez, quien al conocer mi caso me ofreció «apoyo profesional» para llevar una terapia alternativa que cambiaría mi orientación hacia la heterosexualidad.

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Corría el año 1992, la discriminación, el estigma y la violencia a la comunidad LGBTTTIQ+ era desalentadora en este Juaritos que pareciera muy moderno comparado a otros estados. Sin embargo la violencia policíaca, las redadas en los bares de mala muerte eran algo muy común, acompañado de su respectiva extorsión para no aparecer en las paginas de periódicos amarillistas en las notas de «redada maricas». Sin contar los levantones, robos y muertes por tu orientación sexual.

En aquellos años el VIH arrebató muchos amigos, casi todos se fueron al no existir tratamientos, medicamentos o información segura del uso del condón y mucho menos servicios médicos amigables, los hospitales eran como ahora con el Covid, márcaras, guantes, expresiones de miedo, pisos de hospital desalojados por miedo al contagio, familias desesperadas por salvar a sus familiares que se apagaban lentamente al igual que los presupuestos de sus seres amados y terminaban en una funeraria que cerraba las puertas y pedía cancelar los servicios funerarios por temor a ser contagiados.

Ese año, 1992,  conocí al ‘psilocolo‘ Javier Cabada, profesionista en en Cd. Juárez, quien al conocer mi caso me ofreció «apoyo profesional» para llevar una terapia alternativa que cambiara mi orientación hacia la heterosexualidad, partiendo de un diagnóstico en que mi homosexualidad fue aprendida, producto de un abuso infantil y podía ser corregida en base a una terapia de cambio que inicia con hipnosis y procesos clínicos supuestamente probados para terminar con colocación de cables eléctricos que al responder eróticamente a un estimulo visual mandarían una descarga eléctrica a los pezones, dedos, testículos y con esto se produce el cambio de conducta a una «normalidad heterosexual».

Inaugurando el edificio ubicado en la la Escuela Preparatoria Francisco Villa (Damian Carmona 676 sur), la cual en ese mismo año de mi proceso, obtiene su incorporación a la Universidad Autónoma de Cd. Juárez. Iniciando las terapias con diferentes técnicas como …la silla vacía que me hizo enfrentar a mi tío pedófilo que a los ocho años cometió abuso infantil y generó algo bueno… ¡El perdón!

Sin embargo, poco a poco estas terapias me encerraron en un profundo pozo negro de depresión, no podía dormir ni comer. Mi desesperación y estado emocional estaban totalmente quebrados, siempre trataba de hablar con él, me convertí en una pulga que trataba de acosarlo pidiendo auxilio.

Mi sufrimiento era enorme, por meses viví un infierno, fui acosador de homosexuales, despiadado y homofóbico, lleno de odio y miedo hacia mí y a todo el mundo, temblaba de arrepentimiento en las noches, me revelaba contra Dios, contra mis creencias y me odié como nunca me había odiado.

Por fin un día llego el primer día de los toques eléctricos, tras una sesión de hipnosis, colocó los cables y me explicó qué tan fuertes serían las descargas y cómo éstas modificarían mi conducta. Así inició con una serie de fotografías sugerentes, chicos femeninos con cabellos largos, caras angelicales y cuerpos delgados, ojos verdes, azules, cabellos rubios, narices respingadas y en lugar de toques eléctricos inició mi llanto, un llanto que salió muy dentro de mí, un llanto que gritaba, «¡Entupido!». Pensé, «Si este pendejo supiera quien soy, hubiera puesto chacales, pelos, músculos, sudor y me hubiera electrificado. Quité los cables con coraje, con asco a lo que había permitido a este sujeto hacerme y salí sin dirigirle la palabra nunca má y jamas volví y hasta hoy podrá saber de íi y saber el daño tan grande que me hizo y que afortunadamente fue trataba de inmediato por una verdadera profesional en la Salud y con una terapia de  trabajo para corregir el daño ocasionado por el seudo psicólogo, rescatando mi vida, mi integridad como persona y mi salud mental.

Por años tuve que permanecer en terapias hasta llegar a conocerme, Salem, mi querida Leticia Esquivel, verdaderas psicólogas que dejan sus prejuicios personales y trabajan con la dignidad de las personas.

Escribo limpio de la basura, preocupado por tantas personas de la comunidad LGBTTTIQ+ que se topan con estos destructores de vidas, que a pesar de tener tantos galardones han sido capaces de jugar con la salud mental de los pacientes y al final espero que entiendan que la homosexualidad no se cura, no es enfermedad y la homofobia, lesbofobia y transfobia si son una enfermedad curable.

No permitas que nadie juegue con tu paz mental, a quienes hablan de curaciones, de terapias de cambio y todas esas charlatanerías que buscan entrar en tu mente y destruirte a ti como persona.

17 de Mayo Día Internacional contra la Homofobia, Transfobia, Lesbofobia y la Bifobia.

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